Los profetas del fin de la era (Jeremías 23)

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El libro del profeta Jeremías contiene una serie de advertencias contra los profetas que, lejos de comunicar fiel y ordenadamente los asuntos que Dios ha reservado para su pueblo en el fin de la era, sólo dicen aquello que les dicta su propia imaginación, alimentada por siglos de fluctuantes enseñanzas escatológicas fundadas en diversas tradiciones cristianas o bien por su oposición a las mismas. Hoy, cuando dicho fin de la era despunta ya sobre las naciones, es de estricta necesidad el presentar dichas advertencias, las cuales han esperado milenios hasta dar con la audiencia para la que fueron originalmente escritas.


 

“¡Ay de los pastores que desorientan y que dispersan a las ovejas de mi rebaño!”, declara Yahweh. Por ello, así dice Yahweh, el Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo: “¡Ustedes han dispersado a mis ovejas y las han alejado y no las han visitado! ¡Aquí me tienen: soy el que castiga en ustedes la maldad de sus acciones!”, declara Yahweh. “¡Y yo mismo recogeré a lo que queda de mis ovejas de todos los países en los que las eché, y las haré regresar a sus pasturas y fructificarán y serán muchas, Y estableceré sobre ellas pastores que las apacienten; y ya no temerán ni estarán medrosas ni serán echadas de menos!”, declara Yahweh. “Vean, vienen días —declara Yahweh— en que estableceré a David un renuevo, un justo, y reinará y prosperará y ejecutará juicio y justicia en la tierra. En sus días Judá será librado e Israel se asentará confiadamente. Y este será el nombre con el cual lo llamarán: ’Yahweh, justicia nuestra‘. Por ello, he aquí que vienen días —declara Yahweh— en los que ustedes ya no dirán ‘¡Viva Yahweh, que ha hecho venir a los hijos de Israel desde el país de Egipto!‘, sino, más bien, ‘¡Viva Yahweh, que ha hecho venir y que ha traído a la descendencia de la casa de Israel desde el país del norte y desde todos los países en donde los había echado, a fin de que habiten en su tierra!’”.[1]

¡A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, se conmueven todos mis huesos, he sido como un hombre que está ebrio y como un varón al que el vino doblegó frente a las palabras de Yahweh y frente a sus santos asuntos!  Porque los adúlteros llenan la tierra: por causa de la imprecación[2] la tierra se lamenta, las gramillas del desierto se han secado; la carrera de ellos ha sido mala y su osadía no es tal. “Pues tanto el profeta como el sacerdote están corrompidos: incluso en mi casa encontré la maldad de ellos —declara Yahweh—; por lo tanto, su manera de conducirse les será para resbalar en la oscuridad, serán empujados y caerán en medio de ella, pues traeré sobre ellos el mal del año de su castigo”, declara Yahweh. “En los profetas de Samaria he visto vacuidad: profetizaban por Baal y hacían errar a mi pueblo, a Israel. Y en los profetas de Jerusalén he visto algo horripilante: adulteraban, andaban en el engaño y fortalecían las manos de los malvados para que ninguno se arrepintiese de su maldad. Todos ellos me fueron como Sodoma, y sus habitantes como Gomorra.”

Por eso, así dijo Yahweh de los ejércitos contra los profetas: “Véanme: daré a ellos a comer ajenjo y les daré a beber agua de hiel, porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía por toda la tierra.”

Así dijo Yahweh de los ejércitos: “No presten atención a las palabras de los profetas que les profetizan y les dan a ustedes vanas esperanzas: hablan una visión de su propia imaginación, no de la boca de Yahweh. Dicen a los que me rechazan con desprecio ‘Yahweh dijo que tendrán bienestar’ y a todos los que se conducen en la obstinación de su mente dicen ‘No vendrá sobre ustedes el mal’. ¿Porque quién estará firmemente plantado en el secreto de Yahweh y verá y escuchará su palabra? ¿Quién prestará atención a mis asuntos y obedecerá? He aquí que el torbellino de Yahweh saldrá con furor y el torbellino girará con ímpetu sobre la cabeza de los culpables[3]. No se apartará la ira de Yahweh hasta que lo haya hecho y hasta que haya realizado los propósitos de su mente. En los últimos días, ustedes entenderán esto cabalmente.”

“Yo no he enviado a los profetas, pero ellos salen corriendo; no les he hablado, pero ellos profetizan. Pero si estuviesen en mi secreto, harían a mi pueblo obedecer a mis asuntos y los harían arrepentirse de su mala conducta y de la maldad de sus actos. ¿Soy yo un Dios desde cerca —declara Yahweh— y no un Dios desde lejos? ¿Se esconderá alguno en sus escondrijos y no lo veré yo?”, declara Yahweh. “¿No lleno yo el cielo y la tierra?”, declara Yahweh.

“Yo escucho lo que dicen los profetas que profetizan engaño en mi nombre, diciendo ‘¡Soñé, soñé!’ ¿Hasta cuándo estará esto en la mente de los profetas que profetizan mentira y que profetizan el engaño de su propia imaginación, que piensan en hacer olvidar de mi nombre a mi pueblo con los sueños que se cuentan el uno al otro, tal como sus padres olvidaron mi nombre por Baal? ¡El profeta que tenga consigo un sueño, que cuente un sueño; y aquel que tenga consigo mi asunto, que cuente mi asunto verdadero! ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? —declara Yahweh—, ¿no es mi palabra como el fuego —declara Yahweh— y como una maza que quiebra la peña? Por ello, ¡heme aquí contra los profetas —declara Yahweh— que se roban mis palabras el uno del otro! ¡Heme aquí contra los profetas —declara Yahweh— que valiéndose de sus propias lenguas dicen ‘Él declara’! ¡Heme aquí en contra de los que profetizan sueños engañosos —declara Yahweh— y los cuentan y hacen que mi pueblo se desoriente con sus engaños y con sus frivolidades! ¡Y yo ni los envié ni les di orden alguna, ni tampoco han sido de ningún provecho para este pueblo!”

“Y cuando te consultare este pueblo o el profeta o un sacerdote, diciendo ‘¿Cuál es la carga de Yahweh?’, tú les dirás cuál es la carga: ’¡Los abandonaré!, declara Yahweh‘. Y el profeta, el sacerdote o el pueblo que dijere ‘la carga de Yahweh’, ¡yo castigaré al tal hombre y a su casa! Así es como dirá cada cual a su compañero y cada cual a su hermano: ‘¿Qué ha respondido Yahweh?’, o bien ‘¿Qué ha dicho Yahweh?’ Pero que ni se les ocurra decir ‘la carga de Yahweh’, ya que la ‘carga’ será para cada uno su propia palabra.” ¡Y es que ustedes han pervertido las palabras del Dios vivo, Yahweh de los ejércitos, nuestro Dios! Así es como dirás al profeta: “¿Qué ha respondido Yahweh?”, o bien “¿Qué ha dicho Yahweh?” Pero si dijeren “la carga de Yahweh”, por ello así ha dicho Yahweh: “Por cuanto dijeron esta cosa —‘carga de Yahweh’— cuando yo envío a decir a ustedes que no pronuncien ‘carga de Yahweh’, ¡he aquí que los olvidaré a ustedes como a una carga y los arrojaré de mi presencia —a ustedes y a la ciudad que di a ustedes y a sus ancestros—, y pondré sobre ustedes vergüenza permanente y mortificación permanente[4] que no serán olvidadas!”

 

Notas

[1] Cuando se contempla la estructura de todo este pasaje en el libro de Jeremías, resulta claro que el Señor comienza por sentar el fundamento sólido de lo que en verdad haría Él con su pueblo en el final de la era, a fin de establecer un contraste con los diversos —y, en no pocos casos, contradictorios— dichos de quienes profetizarían de su propia imaginación. Es a estos, por lo tanto, a los que está dirigido todo el resto del pasaje.  

[2] “Por causa de la imprecación”, esto es, del juramento cuya violación implicaba el ser depositarios de grandes y cuantiosos maldiciones, juramento que el pueblo realizara al momento de ratificar frente a Dios el pacto concertado con él en el país de Moab, antes de cruzar el Jordán y adentrarse en el país de Canaán. Véase el libro de Deuteronomio, especialmente los capítulos 27 al 30.

[3] Por “los culpables” (reshaím), el texto se refiere, evidentemente, a aquellos que rechazarían el procedimiento que el propio Yahweh estableciera en su momento en el libro del Deuteronomio como el único procedimiento legítimo que al fin de la era libraría a quienes tuviesen sobre sí las maldiciones del pacto enumeradas en aquel mismo libro, lo cual implicaría que, de una u otra forma, han incurrido en la transgresiónes del mismo. Véase la nota anterior.

[4] Esta expresión podría traducirse también “la vergüenza de una era y la mortificación de una era”, lo cual identifica a los destinatarios del presente mensaje como aquellos del pueblo de Dios que estarían viviendo al final de la era presente. Una expresión similar es la que encontramos en el libro de Daniel —posterior en varias décadas al de Jeremías—, en cuyo último capítulo leemos: “En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran líder que está a favor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de tribulación tal como no lo ha sido desde que existiera una nación hasta entonces. Y en aquel tiempo será librado tu pueblo, todos aquellos que se encuentran escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el piso de polvo (admat-afar) serán despertados, unos para la vida de la era (jaiei olam) y otros para vergüenzas, para el desprecio de la era (lijarapót ledirón olam)” (Daniel 12:1,2).

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