Los profetas del fin de la era (adenda)

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¿Cuál es el contexto que da marco a la serie publicada en este blog durante el mes pasado bajo el título «Los profetas del fin de la era», serie compuesta por mi traducción de diversos pasajes de los libros de los profetas y por mi propio comentario de los mismos? En un artículo suyo publicado ayer en su sitio web, un querido hermano de fe residente en Fort Mill (Carolina del Sur, EE. UU.) ha provisto, en tan sólo un par de párrafos, las palabras justas para precisarlo. He aquí mi carta dirigida a él a propósito de este asunto.


 

Querido Stuart,

Espero que tú y los tuyos hayan tenido un muy bueno comienzo de año. Que Dios el padre de nuestro Señor Jesucristo los mantenga seguros en el camino hacia el día de la verdad que se aproxima, el cual Él mismo ha establecido desde la fundación del mundo.

Tenía la idea de escribirte una carta mucho más larga que esta, pero luego, después de haber leído anoche tu última publicación en tu sitio web (me refiero a «Upwelling»), decidí que, después de todo, no me sería necesario castigar demasiado el teclado de mi computadora.

Mi intención original era la de contarte sobre la serie que he estado publicando en el blog de mi propio sitio web durante el pasado enero, una serie a la que titulé «Los profetas del fin de la era», la cual incluye mi propia traducción de Jeremías 23 y de Ezequiel 13, amén de un comentario de ambos textos que es, al mismo tiempo, también una advertencia. ¿Por qué “también una advertencia”? Porque, tal como tú seguramente sabes, el apóstol Pedro ha dicho que los profetas de antaño entendían muy bien que sus visiones y expresiones no tenían en vista a ellos mismos ni a sus contemporáneos, sino a nosotros, que estamos llegando al fin de la era (mira 1 Pedro 1:10-12).

En otras palabras: las cosas escritas en los libros de los profetas de antaño describen, con muchos siglos de antelación, las cosas que nosotros mismos estamos viviendo por estos días en relación con diversas cuestiones. Esto incluye, desde luego, al ejército de cristianos que se ponen en el lugar de profetas o que replican las cosas dichas por los que se ponen en dicho rol. Lee los textos en Jeremías y Ezequiel arriba mencionados y sabrás que tal es, exactamente, la situación con la que se vieron confrontados ellos mediante el espíritu del Cristo que estaba sobre sus vidas.

Aquí es donde tú entras en escena. ¿Por qué? Porque si tuviese yo que plantear hoy aquellas visiones de Jeremías y de Ezequiel respecto de este actual ejército de profetas y su mensaje distorsionado y desorientador en palabras comprensibles para todos, elegiría sin duda hacerlo mediante la cita de los siguientes párrafos de tu más reciente publicación:

Cuando la gente habla de avivamiento, me pregunto a qué se refieren con eso. Avivamiento significa traer algo nuevamente a la vida, a aquello que alguna vez fue (tal es mi definición). ¿Pero a qué? ¿Al primer Pentecostés de la iglesia? Algunos vinculan los avivamientos con un derramamiento del espíritu santo como en Pentecostés, a algo a lo cual algunos llaman un avivamiento de la lluvia tardía. En muchas ocasiones, yo he visto gente soplando el aire con los brazos en alto, llamando al espíritu santo para que viniese o cayese sobre ellos, con la expectativa de experimentar o manifestar lo sobrenatural.

 ¿Será que la gente está buscando una repetición de avivamientos pasados como el Gran Despertar Estadounidense del siglo XVIII o el avivamiento galés de 1904-1905? ¿Será que están buscando que otro Jonathan Edwards o George Whitefield aparezcan en escena? ¿Un avivamiento de la religión de los viejos tiempos en el que se intenta, con aquello que se predica, aterrorizar a la gente con un infierno ficticio y paganizado?

 ¿Acaso nos hemos vuelto nostálgicos de los viejos tiempos porque parecería que se está haciendo cada vez más difícil alcanzar a la gente en nuestro mundo humanista, moderno, de alta tecnología? ¿Acaso tal actitud se diferencia en algo del slogan: Hagamos a los Estados Unidos nuevamente grandes? ¿Grandes según qué estándar y en comparación con qué período histórico? De alguna manera, la verdad de la historia se desvanece, y se pintan nuevas imágenes del pasado con hermosos colores para que éste sea admirado. ¿Y nosotros decimos: ah, qué maravilloso sería vivir nuevamente en aquel entonces? ¿Realmente creemos eso?

Todas estas observaciones y preguntas tuyas son tan acertadas que difícilmente podría yo agregarles algo sin tener que escribir un libro entero para explicar mi agregado. Y he ahí por qué creí más que conveniente el reproducirlas a manera de aclaración sobre el espíritu de esta serie recientemente aparecida en mi blog, la cual constituye, en sí misma, una parte nada pequeña de lo que tengo para decir en mi sitio web junto con el anuncio del establecimiento del reino de Dios que se aproxima. Este reino que viene es, desde luego, una muy buena noticia para toda la humanidad. Pero tú y yo sabemos muy bien que no será así para todos al mismo tiempo. Y así, hay también mucho de mala noticia para aquellos que hoy por hoy están siendo negligentes con las cosas santas de Dios; a menos, claro, que Dios cambie sus corazones, lo cual es ciertamente mi ferviente oración dirigida a Él.

Hiciste mención del slogan MAGA. [1] Este, como seguramente sabes, va de la mano con las así llamadas “gotas” que el personaje conocido como "Q" ha estado destilando por toda la Web desde hace más o menos dos años. ¡Yo realmente no puedo creer cuántos de nuestros hermanos —quienes, por lo demás, están todo lo bien versados que podrían estar en los asuntos de Dios— están siendo arrastrados por semejante estafa, la cual está, evidentemente, hecha a medida con astucia diabólica para atraer a los ansiosos y los medrosos dentro del mundo evangélico. No es que no haya, humanamente hablando, motivos para la ansiedad y el temor en nuestros días y en nuestras sociedades. Pero ha sido precisamente para estos tiempos que el Señor nos ha insistido tanto acerca de guardar la calma y descansar verdaderamente en Él.

A mi modo de ver, todo este asunto que gira en torno al tal "Q" al que hago referencia no es otra cosa que aquella poderosa desorientación que sería enviada para aquellos que no amasen la verdad y que se regocijasen con la injusticia, creyendo la mentira (mira 2 Tesalonicenses 2:10-12). ¿Y quién, exactamente, estaría enviando esta poderosa operación que haría a los tales errar? ¡El mismísimo Señor Jesucristo, nuestro Dios!

En esta misma vena, mira las siguientes palabras del libro del profeta Miqueas, las cuales traduzco aquí del original hebreo a fin de que las entiendas en relación con la estafa arriba mencionada:

Si alguno que anda en su propio temperamento y en el fraude mintiese, diciendo “Te profetizaré [literalmente “gotearé”] para el vino y para el licor”, ¡el tal será profeta [literalmente “goteador”] de este pueblo! (Miqueas 2:11)

“Gotear” —es cierto— era a veces utilizado como una metáfora de “declarar oráculos de Dios”, tal como consta en Ezequiel 20:46 y 21:2, Amós 7:16 e incluso en Miqueas 2:6. Pero fíjate en el contexto completo de estas palabras que he traducido para ti y sopesa la situación con la que aquí estamos lidiando. Se trata de la misma situación de la que hablara el apóstol Pablo en el siguiente pasaje, dirigido originalmente a Timoteo:

Te conmino en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, quien vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos en consonancia con su venida y su reino: anuncia la palabra, insiste oportuna e inoportunamente, redarguye, amonesta, exhorta con toda paciencia y enseñanza. Porque vendrá un tiempo cuando no soportarán la sana enseñanza, sino que, teniendo comezón de oír, se buscarán para sí un montón de maestros de acuerdo a sus propios deseos, y darán con su oído la espalda a la verdad para volverse a los mitos… (2 Timoteo 4:1-4)

A lo cual yo agregaría: para volverse a los mitos como el de este “Q, el goteador” que, como un anónimo Flautista de Hamelin, por estos días está seduciendo a los evangélicos crédulos con promesas de un pasado que no volverá —y que, de hecho, tampoco debería volver— a fin de hacer lugar para el último intento de los enemigos de Dios de obliterar su plan de las eras para la humanidad.

No hay mucho más que tenga yo para decir ahora. Simplemente pensé que sería de mucho provecho citar aquellos párrafos de tu última publicación a manera de último comentario —una adenda, si así lo quieres— de esta serie mía sobre los profetas del fin de la era y, al mismo tiempo, unir tu nombre a mi tarea aquí en mi sitio web, ya que para mí no solamente eres un querido hermano sino, también, un más que prudente comentarista del viaje en el que el espíritu de la verdad nos ha embarcado con el reino de Jesucristo como el más preciado destino.

Como tú sabes, el espíritu del Señor Jesucristo dijo una vez por medio del profeta Jeremías que su palabra es como una maza que hace pedazos la roca. Y yo confío en que pronto la maza comenzará a hacer añicos todas las mentiras de los enemigos de Dios y todo el engaño en el que tantos hermanos están cayendo por estos días. Sin embargo, la pregunta a hacerse aquí es: ¿dónde estará cada cual cuando dicha mentira y dicho engaño sean vistos ya claramente por lo que realmente son?

Espero tener pronto la oportunidad de escribirte nuevamente. Pido al Señor Jesucristo por tu bienestar en toda forma posible y te saludo en Él.

 

[1] Se trata, claro, de la sigla correspondiente a la frase Make America great again («Hagamos a los Estados Unidos nuevamente grandes»), el slogan de campaña del presidente Trump que sus seguidores suelen utilizar como divisa, especialmente en las redes sociales, en forma de hashtag.

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