“¿Por qué te postras, alma mía…?” (Salmos 42 y 43)

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Pese a que el orden de la edición hebrea del libro de los Salmos que ha llegado hasta nosotros los considera como diferentes entre sí, ciertos detalles sugieren que los salmos 42 y 43 fueron originalmente uno y el mismo. Ambos describen con elocuencia los sentimientos de un hombre cuya alma se encuentra suspendida entre la confianza y la devoción más íntimas hacia Dios y los pesares que brotan frente al acoso y las afrentas infligidas por parte de aquellos que desprecian dicha confianza y devoción. Esto último, por cierto, imprime al conjunto un tono definitivamente familiar a nuestros días…


 

Al director. [1] Masquíl [2] de los hijos de Coraj.

Como el ciervo jadea por las corrientes de agua, así, Dios, jadea mi alma en pos de ti. Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo… ¿Cuándo vendré y veré el rostro de Dios? Mis lágrimas fueron mi pan de día y de noche, mientras me dicen todo el día: “¿Dónde está tu Dios?”

Traigo al pensamiento estas cosas y derramo mi alma sobre mí, pues aún pasaré con la muchedumbre conduciéndola a la casa de Dios, con voces de júbilo y de acción de gracias del gentío que celebra. ¿Por qué te postras, alma mía, y te inquietas por mí? ¡Espera a Dios, pues aún alabaré sus salvaciones! [3]

Dios mío, mi alma se abate por mí. Por esto, me acordaré de ti desde el país del Jordán y los hermonitas, desde el monte Mizar. Un abismo a otro abismo llama al sonido de tus desaguaderos; todas tus rompientes y tus olas han pasado sobre mí. Pero de día despachará Yahweh su misericordia, y de noche su canción estará conmigo, la oración al Dios de mi vida.

Diré a Dios: “Roca mía, ¿por qué me olvidaste? ¿Por qué voy enlutado por la opresión del enemigo? Como con destrozo de mis huesos, los que me atribulan me desafían al decirme todo el día ‘¿Dónde está tu Dios?’”

¿Por qué te postras, alma mía, y te inquietas por mí? ¡Espera a Dios, pues aún alabaré las salvaciones de mi Dios! [4]

___________

¡Júzgame, Dios! ¡Toma la defensa de mi causa frente a una nación que no tiene piedad y líbrame de un hombre fraudulento e inicuo! Puesto que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué voy a ir enlutado por la opresión del enemigo? Envía tu luz y tu verdad: estas me guiarán, me conducirán a tu santo monte y a tus moradas. Y yo vendré al altar de Dios, del Dios de mi alegría y de mi regocijo, para alabarte con arpa, Dios, ¡mi Dios!

¿Por qué te postras, alma mía, y te inquietas por mí? ¡Espera a Dios, pues aún alabaré las salvaciones de mi Dios! [5]

 

Notas

[1] למנצח. Acerca de mi elección del término «director» para traducir מנצח, ver la nota 11 a mi traducción del libro de Habacuc.

[2] משכיל. La raíz verbal שכל se vincula con la circunspección y el discernimiento. Así, en el contexto de los Salmos, un masquíl sería un tipo de composición que, ya por sus palabras, ya por su melodía y su ritmo —o bien por todas estas cosas juntas—, conlleva un cierto mensaje que debe ser discernido.

[3] ישועות פניו. Literalmente, «las salvaciones de su rostro».

[4] ישועת פני אלהי. Literalmente, «las salvaciones del rostro de mi Dios».

[5] Ver la nota 4.

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