“Y sucederá que…” / Condiciones para la restauración (Deuteronomio 30)

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Pocos parecen ser los que en verdad se han puesto a pensar que las bendiciones de la obediencia y las maldiciones de la desobediencia a la voz de Yahweh que se encuentran desgranadas en el libro del Deuteronomio eran, en realidad, el trazado de un programa cuyo cumplimiento el propio plan de Dios había determinado desde un comienzo para los últimos días de esta era. Tales días —que ya están sobre todos nosotros— deberían ser un claro indicio para aquellos que se consideran parte del pueblo de Dios y que en verdad aguardan la llegada visible de su glorioso reino.


 

Y sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas —la bendición y la maldición que he puesto ante ti— y te arrepintieres entre todas las naciones hacia las cuales Yahweh tu Dios te hubiere arrojado, y te volvieres a Yahweh tu Dios y obedecieres a su voz en todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu mente [1] y con toda tu alma, que Yahweh tu Dios revertirá tu exilio y tendrá misericordia de ti y se volverá y te recogerá de todos los pueblos en los que te hubiere desparramado Yahweh tu Dios.

Aún cuando te hubiere arrojado a los confines del cielo, de allí te recogerá Yahweh tu Dios. De allí te tomará y te traerá Yahweh tu Dios al país que heredaron tus ancestros y lo heredarás tú; y te beneficiará y te aumentará más que a tus ancestros. Y circuncidará Yahweh tu Dios tu mente y la mente de tu descendencia para que ames a Yahweh tu Dios con toda tu mente y con toda tu alma a fin de que vivas. Entonces pondrá Yahweh todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te aborrecían y te acosaban.

Y tú te arrepentirás y obedecerás a la voz de Yahweh y pondrás en práctica todos los mandamientos que yo te mando hoy. Y Yahweh te hará abundar en todo lo que hagas, en el fruto de tu vientre, en el producto de tu animal y en el producto de tu tierra para bien, ya que Yahweh volverá a regocijarse sobre ti para bien tal como se había regocijado sobre tus ancestros, pues habrás obedecido a la voz de Yahweh tu Dios para observar sus mandamientos y sus leyes escritos en este libro de la instrucción cuando te volvieres a Yahweh tu Dios con toda tu mente y con toda tu alma.

Y es que este mandamiento que te ordeno hoy no es algo extraordinario que te sobrepase ni es tampoco algo lejano. No está en el cielo, como para que digas: “¿Quién ascenderá por nosotros al cielo, nos lo traerá y nos lo hará escuchar para practicarlo?” Ni está tampoco del otro lado del mar, como para que digas: “¿Quién cruzará por nosotros hacia el otro lado del mar, nos lo traerá y nos lo hará escuchar para practicarlo?” [2]  Pues muy cerca de ti está la palabra esta: en tu boca y en tu mente, a fin de que lo practiques.

Mira: hoy he puesto delante de ti la vida y el bien y la muerte y el mal al mandarte hoy que ames a Yahweh tu Dios, que te conduzcas con sus maneras, que observes sus mandamientos y sus leyes y sus procedimientos, de manera de que vivas y te aumentes y te bendiga Yahweh tu Dios en el país en el que vas a entrar para heredarlo. Pero si tu mente mirase hacia otra parte, no obedecieses, te extraviares y reverenciases a otros dioses y los sirvieses, yo les declaro hoy que desaparecerán sin remedio: no prolongarán sus días en la tierra para entrar en la cual cruzas el Jordán a fin de heredarla.

 

Notas

[1] לבב. Literalmente, «corazón». Aquí y en el resto de este pasaje traduzco este término como «mente» en virtud de que para los antiguos pueblos semitas el corazón era el centro de los pensamientos antes que de las emociones, las cuales, en su concepción, se hallaban asociadas más bien con las entrañas.

[2] Estas palabras de Moisés se encuentran glosadas por el apóstol Pablo en Romanos 10:6,7 en la siguiente forma: “Pero la justicia que procede de la fe dice: No digas ‘¿quién ascenderá al cielo’ (esto es, para hacer descender al Cristo) o ‘¿quién descenderá al abismo?’ (esto es, para hacer ascender al Cristo de entre los muertos)…” La forma más cercana a esta glosa de Pablo se encuentra en el Targum Jonatán del pasaje en cuestión del Deuteronomio, en el cual se lee: “La instrucción no se encuentra en el cielo, como para que digas ’¡ah, que tuviésemos a alguno como el profeta Moisés que ascendiese al cielo y nos la trajese, y nos hiciese escuchar sus mandamientos y los practicáramos!‘; ni tampoco está la instrucción más allá del gran mar, como para que digas ‘¡ah, que tuviésemos a alguno como el profeta Jonás, que pudiese descender a las profundidades del mar y nos la trajese, y nos hiciese escuchar sus mandamientos y los practicáramos!‘” La relación entre este pasaje arameo targúmico del Deuteronomio y la glosa de Pablo del texto hebreo de Deuteronomio 30:12,13 se acrecienta cuando se tiene en cuenta que el abismo mencionado por el apóstol es, dentro de la cosmología bíblica, la parte más profunda del mar. Las palabras de Pablo no dejan, con todo, de ser oscuras, lo cual parece señalar a su carácter profético, el cual sólo podría ser discernido con la asistencia del espíritu de Dios.

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