“Y sucederá que…” / La canción de Moisés (Deuteronomio 32:1-43)

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El cántico o canción de Moisés que se encuentra casi al final del libro del Deuteronomio constituye el testimonio vivo que debía quedar para aquellos de su pueblo sobre los que vendrían muchos males, en los últimos días de esta era, a consecuencia de haber abandonado a Yahweh para ir en pos de los demonios y de los dioses extranjeros. Puesto que dichos últimos días son los nuestros, me ha parecido bien publicar aquí la traducción anotada de esta canción testimonial, prueba definitiva de que el Dios vivo en verdad ha narrado, mediante su Espíritu, el final desde el principio.


 

¡Que los cielos presten oído y hablaré! ¡Que escuche la tierra los dichos de mi boca! ¡Goteará como la lluvia mi lección! ¡Destilará como el rocío mi declaración, como la llovizna sobre la hierba y como las lluvias potentes sobre el pasto!

¡Cuando pronuncie el nombre de Yahweh, atribuyan la grandeza a nuestro Dios! ¡La Roca, cuya obra es perfecta, ya que todos sus procederes son de justo juicio! [1] ¡Dios de fidelidad, sin iniquidad alguna! ¡Justo y recto es él! La corrupción para con él no es de sus hijos: ¡la mancha es una generación desviada y retorcida! [2]

¿Es este el trato que dan a Yahweh, pueblo estúpido y falto de sabiduría? ¿No es él el padre que te compró? ¡Él te hizo y te estableció! Recuerda los días de otra época; consideren con inteligencia los años de generación tras generación.

Consulta a tu padre y te lo contará; a tus ancianos, y te lo dirán: cuando el Altísimo dio herencia a las naciones, cuando separó a los seres humanos, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel, [3] pero la porción de Yahweh es su pueblo, Jacob es el lote de su heredad. Lo encontró en una tierra yerma y en una vacuidad desolada en la que sólo había aullidos de bestias. Lo protegió, [4] lo instruyó, lo cuidó como a la niña de su ojo, tal como el águila incita a los de su nido, revolotea sobre sus pichones, despliega sus extremidades, los toma y los lleva sobre sus alas, así fue como Yahweh solo lo guió y no hubo con él dios extraño alguno…

Lo hará cabalgar sobre las colinas de la tierra, comer de los productos del campo, sorber miel de la peña y aceite de la durísima roca; le dará a comer manteca vacuna y leche ovina, con sustanciosos corderos y carneros de Basán; y con cabritos y sus suculentas entrañas, y con trigo. Y asimismo, de la sangre de las uvas beberás vino.

Pero engordará Jesurún [5] y comenzará a tirar coces (¡engordarás y te cubrirás de gordura!): rechazará al Dios que lo hizo y tendrá en poco a la Roca de su salvación. Lo provocarán a celos con cosas extranjeras [6] y lo indignarán con abominaciones: sacrificarán en pos de los demonios —no de Dios—, en pos de dioses que no les serán conocidos, a novedades venidas de cerca a las que sus ancestros no habían tenido miedo. ¡De la Roca que te ha engendrado te desharás y te olvidarás del Dios que te dio a luz con dolores! Entonces lo verá Yahweh y sentirá aborrecimiento debido a la frustración que le habrán causado sus hijos y sus hijas. Y dirá:

Ocultaré mi rostro de ellos y veré cuál será su fin. Porque son una generación subvertida, hijos en los que no hay fidelidad alguna. ¡Me provocaron celos con lo que no es Dios! ¡Me indignaron con sus vanidades! Por lo tanto, ¡yo los provocaré a celos con el que no es un pueblo! ¡Con una nación estúpida les causaré indignación! ¡Porque en mi ira se ha encendido un fuego que arderá hasta la parte más sumergida del Seol, consumiendo la tierra y su producto y encendiendo los cimientos de los montes!

 ¡Amontonaré males sobre ellos, gastaré en ellos mis flechas! ¡Quedarán exhaustos por el hambre y serán consumidos por un calor ardiente y por una amarga pestilencia! ¡Enviaré entre ellos diente de animales con el veneno de las serpientes del polvo! ¡Desde fuera diezmará la espada y desde dentro el terror, tanto al joven como a la jovencita, al lactante como al hombre cano!

 Yo había dicho: “Los haré añicos, haré cesar su recuerdo de entre la humanidad”; salvo que temí la provocación del enemigo, no fuera que sus adversarios dijesen: “Son nuestras manos, que están alzadas, y no es Yahweh el que obró todo esto”. Ya que es una nación cuyos consejos se desvanecen y no hay en ella entendimiento alguno. ¡Ojalá se hiciesen sabios! Así entenderían esto, discernirían su fin. ¿Cómo, en efecto, perseguiría uno a mil y dos pondrían en fuga a diez mil si no fuera porque su Roca los ha vendido y Yahweh los ha entregado?

 (Y es que no es como nuestra Roca la roca de ellos, algo que aún nuestros enemigos tienen en cuenta. Porque de la viña de Sodoma es la viña de ellos, y de los campos de Gomorra. Las uvas de ellos son uvas de ajenjo, tienen racimos amargos: el vino de ellos es veneno de serpientes, [7] y cruel ajenjo de áspides.)

¿No tengo acaso almacenado esto conmigo, sellado en mis tesoros? ¡Mía es la venganza y la paga! ¡En su tiempo, el pie de ellos resbalará, porque cercano está el día de su calamidad y aquello que les vendrá se apresura!

 Porque Yahweh juzgará a su pueblo y se compadecerá de sus siervos, pues verá que toda fuerza los dejó y que ya no está el confinado ni el dejado en libertad. [8] Entonces dirá:

¿Dónde están los dioses de ellos, la roca en la cual se guarecían, la grasa de cuyos sacrificios comían y el vino de cuyas libaciones bebían? ¡Que se levanten ellos para ayudarlos! ¡Que les sean ellos por cobertura protectora! [9] ¡Vean ahora que yo, yo soy, [10] y no hay otros dioses conmigo! ¡Yo hago morir y hago vivir! ¡Yo he herido y yo sanaré! ¡Y no hay quien libre de mi mano! Porque alzando a los cielos mi mano he dicho: “¡Vivo yo por siempre, que afilaré mi espada reluciente, asiré el juicio fuertemente con mi mano, haré volver la venganza sobre mis adversarios y daré la paga a los que me odian! ¡Embriagaré de sangre mis flechas y mi espada consumirá carne, se embriagará de sangre de muertos y de cautivos y de la cabeza de los comandos del enemigo!”

¡Regocíjense, naciones, con su pueblo! ¡Porque él vengará la sangre de sus siervos, hará volver la venganza sobre sus adversarios y hará expiación por la tierra de su pueblo!

 

Notas

[1] כל־דרכיו משפט.

[2] Puesto que, según el dicho de Moisés, los males alcanzarían de manera manifiesta a la descendencia de Israel en los últimos días, no es de descartar que esta generación “desviada y retorcida” mencionada aquí por él sea, precisamente, la generación última, aquella en cuyos días Yahweh iría a intervenir decisivamente en los asuntos humanos. En este mismo sentido —y puesto que el carácter profético de las Escrituras alcanza a todos sus libros—, no estaría mal traer a cuento aquel pasaje del libro de Proverbios en el que se lee: “Hay una generación que maldice a su padre y que a su madre no bendice; una generación que está limpia a sus propios ojos, pero que no se ha limpiado de sus excrementos; una generación cuyos ojos ¡cuán altivos son!, y cuyos párpados están levantados; una generación cuyos dientes son espadas y cuyas muelas son cuchillos para consumir a los afligidos de la tierra y a los pobres de entre la humanidad” (Proverbios 30:11-14)

[3] בני ישראל. Así, en el texto hebreo masorético. El texto griego de la Septuaginta tiene, por su parte, ἀγγέλων θεοῦ («los ángeles de Dios»). Sin embargo, al parecer, el texto original sería el que refleja un fragmento del rollo del Deuteronomio hallado en las cuevas de Qumrán, en el antiguo desierto de Judea, en 1947, datado en un par de siglos antes de Cristo. Dicho texto unifica, hasta cierto punto, el sentido del texto griego de la Septuaginta y del hebreo masorético, ya que en él se lee בני אלהים («hijos de Dios»), una expresión que, por otra parte, se encuentra en Génesis 6:1-4 y en Job 1:6, 2:1 y 38:6,7. Se trata, sin duda, de una alusión a los seres angélicos creados por el Dios Altísimo y a los que fue asignado el gobierno temporal de las naciones. En este último sentido, es pertinente recordar también la expresión בני עליון («hijos del Altísimo») que se encuentra en el Salmo 82 (más concretamente, en el versículo 6), el cual parece referirse a una asamblea divina en este mismo contexto del gobierno de los asuntos humanos por parte de los ángeles de Dios.

[4] יסבבנהו. Literalmente, «lo redeó».

[5] ישרון. Se trata de una suerte de apodo poético y familiar aplicado a Israel cuyo significado es «recto» u «honesto» (ver también Deuteronomio 33:5 y 26 e Isaías 44:2). Al parecer, estaría aludiendo a la conducta de Jacob durante todos los días de su vida previos al momento en que Dios cambió su nombre por el de Israel (ver Génesis 32:24-29), ya que, por otra parte, el nombre mismo יעקב (Jacob) proviene de una raíz cuyo sentido es el de «tomar por el talón» y «suplantar», una alusión a la relación de Jacob con su hermano Esaú, en la cual el primero no se había caracterizado, precisamente, por su rectitud y honestidad.

[6] זרים. O bien «extranjeros» o «extraños».

[7] תנינם. Literalmente, «dragones».

[8] אפס עצור ועזוב.

[9] סתרה.

[10] כי אני אני הוא. El Targum de Jonatán dice aquí אנא הוא דהוויתי והוית ואנא הוא דעתיד ("yo soy el que era y el que es y soy el que viene”), expresión muy afín a la que se encuentra en algunos pasajes del libro de Apocalipsis (ver Apocalipsis 1:4 y 8, 4:8 y 11:17). Por lo demás, puede decirse con toda certeza que, además de este que aquí señalo en relación con el texto arameo de uno de los principales targumim del Deuteronomio, son muchos otros los vínculos que hay entre el texto y el tema de Apocalipsis y esta canción de Moisés cuya traducción presento aquí.

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