El libro de las lamentaciones (capítulo 1)

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Atribuido tradicionalmente al profeta Jeremías y al que habría sido su lamento sobre la antigua Jerusalén —destruida en sus mismos días por el ejército del rey neo-caldeo Nabucodonosor—, el libro de las Lamentaciones parece ser en verdad una elegía profética sobre una ciudad a la que su autor equipara con aquella y cuyas vicisitudes tendrían lugar en los últimos días de la presente era. Debido a la relevancia que esto último asigna al mencionado libro, ofrezco aquí, en cinco entregas sucesivas, mi traducción del texto hebreo del mismo, acompañada, como de costumbre, de las notas que he juzgado pertinentes.


 

¡Cómo [1] quedará sola la ciudad densamente poblada! [2] ¡Será como una viuda la populosa entre las naciones! ¡La principal entre las provincias [3] se hará tributaria! ¡Llorará copiosamente por la noche y sus lágrimas correrán por sus mejillas! ¡No tendrá quien la consuele de entre todos sus amantes! ¡Y sus vecinos, con perfidia contra ella, se le volverán enemigos!

Judá irá al exilio debido a la aflicción y a la gran servidumbre que albergó; morará entre las naciones y no hallará descanso: todos sus perseguidores la hallarán entre las estrecheces. [4] Los caminos de Sión harán lamentación, debido a que no habrá quienes vengan a la fiesta. Todas sus puertas estarán desoladas; sus sacerdotes suspirarán, sus vírgenes estarán afligidas y ella tendrá amargura. Sus adversarios serán puestos por cabeza, sus enemigos prosperarán cuando Yahweh la aflija por causa de sus muchas transgresiones. Sus niños irán al exilio en presencia del adversario.

Se irá de la hija de Sión todo su esplendor. Sus príncipes serán como cervatillos que no hallan donde pastar y andarán sin fuerzas delante del perseguidor. En los días de su aflicción y de sus miserias, Jerusalén evocará todas sus cosas preciosas que habían sido desde los días de antaño, [5] así será al caer su pueblo por mano de su adversario y no haber quien la ayude. La mirarán sus adversarios y se burlarán de su calamidad.

En gran manera ha pecado Jerusalén: es por ello que todos los que la honraban la considerarán como algo asqueroso [6] y la despreciarán cuando vean su desnudez; ella misma suspirará y se retraerá. Su inmundicia estará en sus faldas, por cuanto no tuvo presente su final: así, descenderá portentosamente [7] sin tener quien la consuele: “¡Mira, Yahweh, cuánto se ha magnificado el enemigo!” [8]

El adversario extenderá su mano sobre todas sus cosas preciosas, pues verá ella a las naciones entrando en su santuario, a aquellos que tú habías ordenado que no se allegasen a ti en la asamblea. Toda su población [9] buscará suspirando el pan: darán sus objetos preciosos por comida para conservar la vida: “¡Mira, Yahweh, contempla hasta qué punto me había dado yo al derroche!” [10] [11]

“No es contra ustedes, todos los que pasan por el camino: [12] ¡contemplen y vean, por lo tanto, si acaso hay dolor como el dolor que tan cruelmente se apodera de mí, puesto que Yahweh me ha afligido en el día de su ardiente ira! Desde lo alto envió un fuego a mis huesos [13] e hizo que se imponga la extensión de la red bajo mis pies, haciéndome retroceder. ¡Me ha puesto en desolación, en un estado de desfallecimiento cotidiano! [14] El yugo de mis transgresiones está sujeto en su mano, las cuales se han enredado y se han ubicado sobre mi nuca; [15]  ha hecho que tropiece mi fuerza… ¡El Señor me ha entregado en manos de las cuales no podré levantarme! ¡Ha pisoteado el Señor a todos los hombres fuertes [16] que estaban en medio de mí! [17] ¡Convocó sobre mí una reunión [18] para quebrantar a mis jóvenes! ¡Ha pisado el Señor como a un lagar [19] a la virgen hija de Judá! ¡Por estas cosas es que lloro! ¡Mis ojos! ¡De mis ojos se derrama agua, ya que se alejó de mí el que me consuela, el que restaura mi vida! ¡Mis hijos quedaron estupefactos al prevalecer el enemigo!”

(Sión extenderá sus manos sin haber quien la consuele. Yahweh dará orden acerca de Jacob: “¡Que lo rodeen sus adversarios! ¡Que Jerusalén sea algo asqueroso [20] entre ellos!”)

“En cuanto a Yahweh, ¡justo es él, ya que yo me rebelé contra su boca! [21] ¡Ruego a todos los pueblos: presten atención y vean mi dolor! ¡Mis vírgenes y mis jóvenes marcharon al exilio! ¡Llamé a mis amantes, pero ellos me han engañado traicioneramente! [22] ¡Mis sacerdotes y mis ancianos en la ciudad expiraron cuando buscaban comida para sí a fin de conservar su vida!

“¡Mira, Yahweh, porque estoy en angustia! ¡Mis entrañas hierven y mi corazón se revuelve en mi interior, pues me he revelado en gran manera! ¡Desde fuera consumió [23] la espada! ¡Y estar en la casa es como la muerte!” [24] ¡Atiende [25] a mi suspiro! ¡No hay quien me consuele! ¡Todos mis enemigos escucharon de mi mal y se regocijaron cuando actuaste! ¡Traerás el día que anunciaste y serán como yo! ¡Que comparezca toda su maldad en tu presencia! ¡Y trata con ellos tan severamente como lo hiciste conmigo por todas mis transgresiones! ¡Porque son muchos mis suspiros y mi corazón desfallece!”

 

Notas

[1] איכה. El título de las Lamentaciones es lo que suele llamarse un íncipit, es decir, la primera palabra que da inicio a un libro, en este caso la exclamación ¡Cómo!

[2] העיר רבתי עם. Literalmente, «la ciudad abundante en pueblo».

[3] מדינות. El término מדינה se refiere a una unidad gubernamental como la que hoy se cumple en una provincia o un estado. Dado que en el antiguo Medio Oriente las ciudades eran a menudo un estado en sí mismo, dicho término cabía también a las ciudades. De ahí, de hecho, que en varios dialectos del arameo y en otras lenguas semíticas como el árabe se llame así a toda ciudad.

[4] מצרים. O mucho me equivoco o este sería un juego de palabras entre «estrecheces» y el nombre hebreo de Egipto, Mitzraim. En tal sentido, resulta de lo más interesante que Jeremías —a quien la tradición bíblica atribuye las Lamentaciones— fuera llevado a Egipto a la fuerza por parte de aquellos de Judá que, luego de la destrucción de Jerusalén, huyeron hacia allí luego del asesinato del gobernador Gedalías, a quien el poder babilónico había dejado a cargo la tierra conquistada (ver Jeremías 40 y los capítulos subsiguientes).

[5] מימי קדם. O bien «desde los días del oriente».

[6] לנידה.

[7] פלאים. La idea expresada aquí es que, debido a no haber considerado el final al que su conducta la encaminaba, la ciudad experimentaría un descenso —si se quiere, una decadencia— sorprendente y maravilloso, tal como suelen ser los actos de Dios en tales casos.

[8] Aquí es, desde luego, la propia ciudad la que se dirige directamente a Yahweh.

[9] כל־עמה. Literalmente, «Todo su pueblo».

[10] כי הייתי זוללה.

[11] Ver la nota 8.

[12] La ciudad se dirige aquí a quienes pasan junto a ella por el camino con palabras tranquilizadoras —en el sentido de que, aquella ruina que ven, Dios no la ha dirigido contra ellos— a fin de que se detengan un momento a contemplar su condición.

[13] בעצמתי. Literalmente, «entre mis huesos».

[14] כל־היום דוה.

[15] ישתרגו עלו על־צוארי.

[16] כל־אבירי. Otra forma de traducir esta expresión sería «todos los que eran obstinados», la cual, a mi entender, conviene mucho más al tema principal del libro.

[17] בקרבי.

[18] מועד.

[19] גת דרך אדני.

[20] לנדה. Ver la nota 6.

[21] פיהו. Se trata, desde luego, de una expresión metonímica que vale por «su palabra».

[22] רמוני.

[23] שכלה. Literalmente, «privó».

[24] בבית כמות. Literalmente, «en la casa, como la muerte».

[25] שמעו. Literalmente, «atiendan».

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