Categoría: Salmos (serie)

“Los que devoran a mi pueblo como si comiesen pan no han invocado a Yahweh…” (Salmo 14)

      Comentarios desactivados en “Los que devoran a mi pueblo como si comiesen pan no han invocado a Yahweh…” (Salmo 14)

El trasfondo profético del salmo 14 es el de un tiempo en el que el pueblo de Dios se encontraría diezmado por el enemigo. Su autor traza en él una semblanza de este último y la contrasta con el estado de indefensión en el que Yahweh, en su absoluta soberanía y a manera de dura disciplina, sumiría a su pueblo previamente al fin de la era presente. Es precisamente este contraste que predomina a lo largo del salmo el que augura la salvación del pueblo al final de este proceso, una vez que los propósitos de Yahweh se hubiesen cumplido.

“Si Yahweh no cuida una ciudad, en vano se mantiene alerta el que la vigila…” (Salmo 127)

      Comentarios desactivados en “Si Yahweh no cuida una ciudad, en vano se mantiene alerta el que la vigila…” (Salmo 127)

Los dichos que componen el salmo 127 son de lo más contundente que se encontrará en todas las Escrituras. Su brevedad, en efecto, no sólo no constituye un impedimento a la fuerza con la que se expresa su sentido, sino que, de hecho, no hace más que potenciarla, brindándole toda la seguridad de una afirmación cuya constatación va de suyo. Pero por ello mismo, ¿acaso el mensaje del salmista no se constituiría hoy en una fuente de tormento para quienes, confinados por la publicidad y la propaganda en un universo ficticio, sueñan con “realidades” sólo sustentadas en su propia subjetividad?

“Mi ayuda proviene de Yahweh…” (Salmo 121)

      Comentarios desactivados en “Mi ayuda proviene de Yahweh…” (Salmo 121)

El salmo 121 es uno de los más breves de la colección que compone el libro de los Salmos. Sus palabras, altamente proféticas, son especialmente relevantes en nuestros días, en los que las naciones, conducidas a una encrucijada terminal por parte de los grandes poderes supranacionales, suelen buscar la asistencia de sus respectivos gobiernos —los «montes», en los términos del salmista— y de sus funcionarios, desconociendo por completo la absoluta soberanía de Dios sobre todo asunto. De ahí que en una ocasión preguntara Jesús, concluyendo una de sus parábolas: “Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”

“¡Bendice, alma mía, a Yahweh!” (Salmo 104)

      Comentarios desactivados en “¡Bendice, alma mía, a Yahweh!” (Salmo 104)

Con una gran economía de palabras —con las que, sin embargo, logra componer una bellísima y elocuentísima alabanza—, el autor del salmo 104 traza una grandiosa semblanza de Yahweh como creador y como sustentador de toda vida. En vano se buscará en ella la obsesión actual por cuestiones como el cambio climático en los términos en que las ha planteado, por ejemplo, el Papa Francisco en su encíclica «Laudato Si’», la cual, de hecho, supone una inaudita negación de la soberanía y del plan de Dios que sólo podría sumir a sus lectores en la más oscura desesperanza.

“¿Por qué te postras, alma mía…?” (Salmos 42 y 43)

      Comentarios desactivados en “¿Por qué te postras, alma mía…?” (Salmos 42 y 43)

Pese a que el orden de la edición hebrea del libro de los Salmos que ha llegado hasta nosotros los considera como diferentes entre sí, ciertos detalles sugieren que los salmos 42 y 43 fueron originalmente uno y el mismo. Ambos describen con elocuencia los sentimientos de un hombre cuya alma se encuentra suspendida entre la confianza y la devoción más íntimas hacia Dios y los pesares que brotan frente al acoso y las afrentas infligidas por parte de aquellos que desprecian dicha confianza y devoción. Esto último, por cierto, imprime al conjunto un tono definitivamente familiar a nuestros días…

“Tú, Dios, no despreciarás un corazón destrozado y arrepentido…” (Salmo 51)

      Comentarios desactivados en “Tú, Dios, no despreciarás un corazón destrozado y arrepentido…” (Salmo 51)

Pese a la horrenda traición y a la gravísima transgresión de la ley de Dios en las que incurrió en una oportunidad el rey David llevado por el peso de un fortísimo deseo sexual que se apoderó de él, el salmo 51 constituye una muestra de primer orden —una suerte de «caso testigo»— de cómo hemos de conducirnos a la hora de buscar a Dios y de acercarnos a él para confesar nuestras propias transgresiones, incluso las más viles y vergonzantes. Es mi deseo que todos nosotros podamos imitar en esto al rey cuya descarnada súplica Dios recibió con beneplácito.

“¿Acaso se asociará contigo un trono ruinoso que emite crueldad en forma de ley?” (Salmo 94)

      Comentarios desactivados en “¿Acaso se asociará contigo un trono ruinoso que emite crueldad en forma de ley?” (Salmo 94)

El salmo 94 describe proféticamente un tiempo en que una enorme malignidad y una extrema hipocresía se adueñarían de muchos encumbrados entre el pueblo de Dios, los cuales tomarían la ausencia de castigo por sus crímenes contra los indefensos como una señal de la total indiferencia de Dios, cuando no de su inexistencia. Sin embargo, su sola enunciación señala inequívocamente que todo ello ha sido desde siempre una parte importante del plan divino, a la vez que ofrece fuertes indicios sobre el tiempo en el que Dios actuará para restablecer la justicia y el juicio en medio de su pueblo.