© 2018, Mariano Franco. Todos los derechos reservados

 

1

La revelación de Jesús el Mesías, la cual Dios le dio para mostrar a sus siervos las cosas que deben suscitarse con rapidez; y la dio a entender cuando la envió mediante su ángel a su siervo Juan, 2 el cual dio testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús el Mesías y de todas las cosas que vio. 3 Dichoso el que lee y los que escuchan las pa­labras de esta profecía y guardan las cosas escritas en ella, porque el tiempo se ha acercado.

4 Juan, a las siete congregaciones que están en Asia: gracia a ustedes y paz de parte del que es, el que era y el que viene, de parte de los siete espíritus que están delante de su trono 5 y de parte de Jesús el Mesías, el tes­tigo fiel, el primogénito de los muertos y el príncipe de los reyes de la tierra, quien nos ama y nos libra de nuestros pecados con su sangre 6 y nos ha establecido como un reino sacerdotal para Dios, su Padre, al cual pertenecen la gloria y el dominio por la era de las eras. ¡Amén!

7 He aquí que viene con las nubes; y lo verá todo ojo, incluso aquellos que lo traspasaron; y harán lamentación por él todas las tribus de la tierra. ¡Sí! ¡Amén! 8 “Yo soy la alap y la tau —dice Yahweh Dios—, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso.

9 Yo, Juan, hermano de ustedes y copartícipe de uste­des en la tribulación y en la paciencia de Jesús el Me­sías, estaba en la isla llamada Patmos por causa de la palabra de Dios y por causa del testimonio de Jesús el Mesías. 10 Estaba en espíritu en el día primero de la semana y oí detrás de mí una gran voz como una trompeta 11 que dijo: “Las cosas que ves, escríbelas en un libro y envíalas a las siete congregaciones: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea.”

12 Me di vuelta para reconocer la voz que hablaba conmigo; y al darme vuelta vi siete candelabros de oro 13 y, entre los candelabros, como la semejanza de un hombre vestido con un efod y ceñido en torno a su pecho con un cinto de oro. 14 Su cabeza y su cabello eran blancos como la lana y como la nieve y sus ojos como la llama del fuego; 15 sus pies tenían la semejanza del bronce libanés que arde en un horno y su voz era como el sonido de muchas aguas. 16 Tenía en su mano derecha siete estrellas, de su boca salía una espada de dos filos aguda y su apariencia era como el sol que se muestra en toda su fuerza.

17 Al verlo, caí a sus pies como muerto. Y puso sobre mí su mano derecha diciendo: “No temas; yo soy el primero y el último, 18 el que vive y el que estuvo muerto; pero he aquí que estoy vivo por la era de las eras (¡amén!) y tengo la llave de la muerte y del seol. 19 Escribe, por lo tanto, lo que viste, las cosas que son y las que serán después de estas. 20 El misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete congregaciones; y los siete candelabros de oro que viste, las siete congregaciones.

2

“Y al ángel que está en la congregación de Éfeso escribe:

“Así dice el que sustenta a las siete estrellas en su mano, el que camina entre los candelabros de oro: 2 Conozco tus obras, tu esforzada labor y tu paciencia, y que no puedes soportar las cosas dañinas; y que has probado a los que se dicen apóstoles y los has encontrado mentirosos. 3 Y tienes paciencia y has sobrellevado la carga por causa de mi nombre y no has desmayado. 4 Pero tengo contra ti que has dejado tu amor primero. 5 Acuérdate de dónde has caído y haz las obras primeras; y si no las haces, vendré a ti y quitaré tu candelabro (a menos que te arrepientas). 6 Sin embargo, tienes esto: que odias las prácticas de los nicola­ítas, las cuales yo también odio. 7 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones; y al que venza le daré a comer del árbol de la vida que está en el jardín de mi Dios.

8 “Y al ángel de la congregación de Esmirna escribe:

“Así dice el primero y el último, el que estuvo muerto y vivió: 9 Conozco tu tribulación y tu pobreza —aunque tú eres rico— y la injuria que proviene de aquellos que se di­cen auténticos judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás. 10 En nada temas las cosas que vas a sufrir: he aquí que el acusador va a echar a algunos de entre ustedes en prisión para ser probados, y tendrán tribulación diez días. Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida. 11 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones. Aquel que venza no será dañado por la muerte segunda.

12 “Y al ángel que está en la congregación de Pérgamo, escribe:

“Así dice el que tiene la espada aguda de dos filos: 13 Conozco dónde habitas —el lugar donde está el trono de Satanás— y que estás aferrado a mi nombre y que no has negado mi fidelidad en los días en los que te expusiste, ni a mi testigo fiel —porque todos mis testigos son fieles—, el cual fue muerto entre ustedes. 14 Sin embargo, tengo contra ti unas pocas cosas: que tienes allí a los que mantienen la enseñanza de Balaam, quien enseñó a Balac a poner tropiezo delante de los hijos de Israel para comer los sacrificios de los ídolos y para cometer adulterio; 15 y tienes asimismo a los que mantienen la enseñanza de los nicolaítas. 16 Por lo tanto, arrepiéntete; si no, vendré sobre ti repentinamente y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. 17 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones. Al que venza le daré del maná que está escondido y le daré una piedrecita blanca, y sobre la piedrecita un nombre nuevo escrito que nadie puede conocer salvo aquel que lo recibe.

18 “Y al ángel de la congregación que está en Tiatira escribe:

“Así dice el hijo de Dios, el que tiene los ojos como llama de fuego y sus pies como bronce libanés: 19 “Conozco tus obras, tu amor, tu confianza, tu servicio y tu paciencia; y tus obras posteriores son más excelsas que las primeras. 20 Sin embargo, tengo mucho contra ti: que permites que tu mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos para cometer adulterio y comer los sacrificios de los ídolos. 21 Y le di tiempo para el arrepentimiento, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 22 He aquí que la arrojo en una cama, y a los que cometen adulterio con ella, en gran tribulación, a menos que se arrepientan de sus obras. 23 A sus hijos mataré con muerte, y sabrán todas las congregaciones que yo soy el que escudriña las vísceras y el corazón; y daré a cada uno de ustedes según sus obras. 24 A ustedes les digo —al resto de los que están en Tiatira, a todos los que no tienen consigo esta enseñanza, los que no conocen los secretos de Satanás, tal como ellos dicen: no echaré sobre ustedes otra carga, 25 pero aquello que ustedes tienen, reténganlo hasta que yo venga. 26 Y al que venza y guarde mis obras daré autoridad sobre las naciones 27 para regirlas con báculo de hierro (y como vasija de alfarero serán quebradas) tal como yo la he recibido de mi Padre; 28 y le daré la estrella del alba. 29 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones.

3

“Y al ángel que está en la congregación de Sardis escribe:

“Así dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras y la fama que tienes, y que vi­ves y que estás muerto. 2 Estate alerta y afirma aquellas cosas que están por morir, porque no he encontrado completas tus obras delante de Dios. 3 Recuerda cómo has obedecido y lo que has recibido; ten cuidado y arrepiéntete. Pero si no despiertas, vendré sobre ti como un ladrón y no sabrás en qué hora vengo sobre ti. 4 Sin embargo, tienes unos pocos nombres en Sardis que no mancharon sus vestiduras, que caminarán en mi presencia con vestiduras blancas y que son dignos. 5 El que así venza será vestido con vestiduras blancas; no eliminaré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. 6 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones.

7 “Y al ángel de la congregación de Filadelfia escribe:

“Así dice el santo, el verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y no hay quien cierre, y cierra y no hay quien abra: 8 Conozco tus obras; he aquí que puse delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque tienes poca fuerza, pero guardaste mi palabra y no negaste mi nombre. 9 Y he aquí que yo te doy a algunos de la sinagoga de Satanás —los que se dicen judíos y no lo son, sino que mienten—, he aquí haré que vengan y adoren a tus pies; y sabrán que te he apreciado 10 porque guardaste la palabra de mi paciencia. Y te guardaré de la prueba que está preparada y que vendrá sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra. 11 Yo vengo repentinamente: mantén lo que tienes para que ninguno tome tu corona. 12 Y al que venza lo haré una columna en el santuario de Dios y no volverá a salir fuera; y escribiré en él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad nueva, Jerusalén —la cual desciende de mi Dios—, y mi nombre nuevo. 13 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones.

14 “Y al ángel de la congregación de Laodicea escribe:

“Así dice el amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: 15 Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 16 Y como eres tibio, y no frío o caliente, estoy preparado para vomitarte de mi boca. 17 Porque tú dices que eres rico y que te has enriquecido y ‘de nada estoy necesitado’, y no sabes que eres débil, miserable, pobre y que estás desnudo. 18 Te aconsejo que compres de mí oro probado por el fuego para hacerte rico, y una vestidura blanca para que te cubras y no se revele la vergüenza de tu desnudez, y solución de colirio para que veas. 19 Yo reprendo y castigo a los que amo; sé, entonces, celoso y arrepiéntete. 20 He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo. 21 Y al que venza le permitiré sentarse conmigo en mi trono, tal como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. 22 El que tiene oídos, escuche lo que el Espíritu dice a las congregaciones.”

4

Después de estas cosas miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo. Y aquella voz como trompeta que oía me habló diciendo: “Sube aquí y te haré ver lo que ha de suceder después de estas cosas”.

2 De inmediato estaba yo en espíritu, y he aquí un trono dispuesto en el cielo y, sobre el trono, uno sentado. 3 Y el que está sentado es semejante a una visión de piedra de jaspe y de sardio, y el arco iris que circunda al trono, semejante a una visión de esmeralda. 4 Alrededor del trono hay veinticuatro tronos, y sentados sobre los tronos veinticuatro ancianos vestidos con vestiduras blancas y con coronas de oro sobre sus cabezas. 5 Del trono proceden truenos, relámpagos y voces y siete lámparas encendidas que arden delante del trono, las cuales son los siete espíritus de Dios. 6 Delante del trono hay un mar de vidrio semejante al cristal, y en medio del trono y circundando al trono, cuatro seres vivientes que están llenos de ojos por delante y por detrás. 7 El primer ser viviente es parecido a un león, el segundo ser viviente es parecido a un becerro, el tercer ser viviente tiene rostro como de hombre y el cuarto ser viviente es parecido a un águila que vuela. 8 Los cuatro seres vivientes están en pie y tienen, cada uno de ellos, desde sus pies y hacia arriba, seis alas circundantes; están llenos de ojos por dentro y no cesan de decir, de día y de noche: “Santo, santo, santo es Yahweh, el Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir”.

9 Y cuando los seres vivientes dan la gloria y el honor y la acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por la era de las eras (¡amén!), 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono y adoran por la era de las eras (¡amén!) al que vive, y arrojan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 “Digno eres tú, Señor nuestro y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado todas las cosas y por medio de tu voluntad son y han sido creadas.”

5

Y vi en la mano derecha de aquel sentado en el trono un rollo escrito por dentro y por fuera y sellado con siete sellos. 2 Y vi luego a un ángel poderoso proclamando a gran voz: “¿Quién es digno de abrir el rollo y de romper sus sellos?” 3 Y no había ninguno en el cielo, ni en la tierra ni debajo de la tierra capaz de abrir el rollo, romper sus sellos y leerlo. 4 Y yo lloraba mucho, porque a ninguno se había encontrado digno de abrir el rollo y de romper sus sellos. 5 Y uno de los ancianos me dijo: “No llores; he aquí que ha vencido el León de la Tribu de Judá, la Raíz de David: él abrirá el rollo y sus siete sellos”. 6 Y vi en medio del trono, de los cuatro seres vivientes y de los ancianos a un cordero en pie como sacrificado y que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. 7 Y vino y tomó el libro de la mano de aquel que se sienta en el trono.

8 Y cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno de ellos un arpa y una copa de oro llena de incienso, que es las oraciones de los santos 9 que cantan una alabanza nueva y dicen: “Digno eres de to­mar el rollo y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado y con tu sangre nos adquiriste para Dios de entre toda tribu, nación y pueblo, 10 y nos constituiste para Dios un rei­no de sacerdotes y reyes, y reinaremos sobre la tierra.” 11 Y vi y oí como la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos, y su número es como diez millares de decenas de miles y un millar de miles, 12 y dicen a gran voz: “¡Digno es el Cordero que fue sacrificado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la alabanza y la bendición!” 13 Y a toda criatura que está en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra y en el mar, a todas las que están en ellos, las oí decir: “¡Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición, el honor, la alabanza y el dominio por la era de las eras!”; 14 y los cuatro seres vivientes dijeron “amén” y los ancianos se postraron y adoraron.

6

Y vi cuando el Cordero abrió uno de los siete sellos; y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: “¡Ven y ve!” 2 Miré y he aquí un caballo blanco, y el que estaba montado sobre él tenía un arco; y se le dio una corona y salió victorioso, venciendo para vencer.

3 Y cuando abrió el segundo sello oí al segundo ser viviente, que dijo: “¡Ven!” 4 Y salió un caballo rojo, y al que lo montaba se le permitió quitar la paz de la tierra para que se matasen unos a otros; y le fue dada una gran espada.

5 Y cuando se abrió el tercer sello oí al tercer ser viviente, que dijo: “¡Ven!” Y he aquí un caballo negro, y el que lo montaba tenía una balanza en su mano. 6 Y oí una voz de en medio de los seres vivientes que dijo: “Una medida de trigo con un denario y tres medidas de cebada con un denario; y no dañes el vino y el aceite”.

7 Y cuando abrió el cuarto sello oí la voz del cuarto ser viviente, que dijo: “¡Ven!” 8 Y vi un caballo pálido, y el nombre del que está montado sobre él es “Muerte”, y el seol le es un accesorio; y le fue dada autoridad sobre la cuarta parte de la tierra para matar con espada, con hambruna, con muerte y con la bestia de la tierra.

9 Y cuando abrió el quinto sello vi debajo del altar las almas de los asesinados por causa de la palabra de Dios y por causa del testimonio de Jesús que tenían. 10 Y clamaban a gran voz, diciendo: “¿Hasta cuándo, Yahweh, santo y verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre de los habitantes de la tierra?” 11 Y le fue dada a cada uno de ellos una vestidura blanca; y se les dijo que descansasen aun por un corto período de tiempo, hasta que fuesen completados también sus compañeros y hermanos suyos, los cuales también iban a ser asesinados como ellos.

12 Y cuando abrió el sexto sello hubo una gran conmoción y el sol se volvió como cilicio de pelo negro, la luna toda se volvió como sangre, 13 las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra tal como cuando la higuera se despoja de sus higos al sacudirse por un viento recio, 14 el cielo se retiró y se enrolló como un libro y todo monte y toda isla fueron removidas de su lugar. 15 Y los reyes de la tierra, los magnates, los capitanes, los ricos, los poderosos, todos los siervos y todos los libres se ocultaron en las cuevas y en los peñas de los montes, 16 y decían a los montes y a las peñas: “¡Caigan sobre nosotros y ocúltennos de delante de la presencia del Cordero! 17 Porque el gran día de su ira ha llegado, ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

7

Y luego de esto vi a cuatro ángeles parados sobre los cuatro rincones de la tierra. Y retenían los cuatro vientos de la tierra para que no soplase el viento sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre los árboles.

2 Y vi a otro ángel que ascendía desde la salida del sol que te­nía consigo el sello del Dios vivo y que, clamando a gran voz a los cuatro ángeles a los que se les había dado que dañaran a la tierra y al mar, 3 dijo: “¡No dañen a la tierra ni al mar ni tampoco a los árboles hasta que hayamos sellado a los siervos de Dios en sus frentes!” 4 Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de Israel. 5 De la tribu de Judá, doce mil sellados; de la tribu de Rubén, doce mil sellados; de la tribu de Gad, doce mil sellados; 6 de la tribu de Aser, doce mil sellados; de la tribu de Neftalí, doce mil sellados; de la tribu de Manasés, doce mil sellados; 7 de la tribu de Simeón, doce mil sellados; de la tribu de Leví, doce mil sellados; de la tribu de Isacar, doce mil sellados; 8 de la tribu de Zabulón, doce mil sellados; de la tribu de José, doce mil sellados; de la tribu de Benjamín, doce mil sellados.

9 Después de esto vi una congregación multitudinaria, la cual no puede contarse, de todo pueblo, tribu, nación y lengua, que está en pie delante del trono y delante del Cordero, vestida con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. 10 Y clamando a gran voz, decían: “¡La salvación es de nuestro Dios, del que está sentado en el trono y del Cordero!” 11 Y todos los ángeles que estaban en pie alrededor del trono y los ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron delante del trono sobre sus rostros 12 mientras decían: “¡Amén! ¡La alabanza, la bendición, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fuerza sean para nuestro Dios por la era de las eras! ¡Amén!” 13 Y uno de los ancianos me habló diciendo: “Estos que están vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos, ¿quiénes son y de dónde vinie­ron?” 14 Le dije: “Mi señor, eres tú quien lo sabe.” Y me dijo: “Estos son los que vinieron de la gran tribulación, los que lavaron sus vestiduras y las blanquea­ron en la sangre del Cordero. 15 Por eso están delante del trono de Dios y lo asisten de día y de noche en su san­tua­rio; y el que está sentado en el trono los protege. 16 No están hambrientos ni sedientos, ni el sol cae a pleno sobre ellos, ni ningún calor extremo, porque el Cordero que está en medio del trono los alimenta, los guía hacia la salvación y hacia las fuentes de aguas y enjuga toda lágrima de sus ojos.”

8

Y cuando abrió el séptimo sello hubo silencio en el cielo como por media hora. 2 Y vi que a los siete ángeles que estaban en pie delante de Dios se les dieron siete trompetas. 3 Y vino otro ángel que se paró junto al altar y que tenía un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para que ofreciera con las oraciones de todos los santos sobre el altar que está delante del trono. 4 Y el humo del incienso con las oraciones de los santos ascendió desde la mano del ángel a la presencia de Dios. 5 Y el ángel tomó el incensario, lo llenó con el fuego que estaba en el altar y lo arrojó sobre la tierra. Y hubo truenos, voces, relámpagos y conmoción. 6 Y los siete ángeles que tenían a su cargo las siete trompetas se prepararon para tocarlas.

7 El primero tocó y hubo granizo y fuego mezclados con agua, y fueron echados sobre la tierra; y ardió la tercera parte de la tierra y ardió la tercera parte de los árboles y ardió toda la hierba de la tierra.

8 El segundo tocó y como un gran monte ardiente se echó en el mar, y la tercera parte del mar se volvió sangre; 9 y murió la tercera parte de todas las criaturas que están en el mar que tienen aliento de vida y la tercera parte de las naves fue destruida.

10 El tercero tocó y cayó del cielo una gran estrella que ardía como una antorcha, la cual cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de agua. 11 Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo, y la tercera parte de las aguas se volvió como ajenjo y muchos hombres murieron debido a que las aguas se volvieron amargas.

12 El cuarto tocó y devoró la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas; y se oscurecieron, y el día no se dejó ver en su tercera parte, ni tampoco la noche.

13 Y oí a un águila que vuela en el cielo decir: “¡Ay, ay, ay de los habitantes de la tierra por el sonido de las trompetas que los tres ángeles van a tocar!”.

9

Y el quinto tocó: y vi a la estrella que había caído del cielo sobre la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. 2 Y ascendió humo del pozo como el humo de un gran horno encendido y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo.

3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio el poder que tienen los escorpiones de la tierra; 4 y se les dijo que no dañasen a la hierba de la tierra ni a ningún vegetal ni tampoco a los árboles, sino solamente a los hombres que no tenían el sello de Dios en sus frentes. 5 Y se les encomendó que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento es como el tormento del escorpión cuando este cae sobre un hombre. 6 Y en esos días los hombres buscarán la muerte y no la hallarán; desearán morir, y la muerte huirá de ellos. 7 Y la apariencia de las langostas era como la apariencia de caballos recios preparados para la guerra, con coronas semejantes al oro sobre sus cabezas; y sus rostros eran como rostros de hombre. 8 Tenían cabello como el cabello de las mujeres y sus dientes eran como de leones. 9 Tenían armaduras como armaduras de hierro y el ruido de sus alas era como el ruido de muchos carros de caballería que se precipitan hacia la batalla. 10 Tenían colas semejantes a las de los escorpiones y, por ende, aguijones; y en sus colas, su poder para dañar a los hombres cinco meses. 11 Y sobre ellas tenían un rey, el ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadu, y que en arameo tiene este nombre: Share.

12 Un ay ha pasado; he aquí que todavía vienen dos ayes.

13 Después de estas cosas el sexto ángel tocó y oí una voz proveniente de los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios 14 que decía al sexto ángel que tenía la trompeta: “Suelta a los cuatro ángeles que están sujetos junto al gran río Éufrates”.

15 Y fueron soltados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, para el día, para el mes y para el año para matar a la tercera parte de los hombres. 16 Y el número del ejército de los jinetes es un par de diez millares de decenas de miles: yo oí el número de ellos. 17 Así vi a los caballos en la visión y a los que estaban montados sobre ellos: tenían armaduras de fuego, de ágata y de azufre; las cabezas de los caballos eran como las cabezas de los leones y de sus bocas salía fuego, azufre y humo. 18 Y por estos tres azotes fue muerta la tercera parte de los hombres: por el fuego, por el azufre y por el humo que salía de sus bocas. 19 Porque el poder de los caballos está en la boca de ellos y en sus colas. 20 Y el resto de los hombres, los que no fueron muertos por aquellos azotes, no se arrepintió de la obra de sus manos ni dejó de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de madera y de piedra, los cuales no son capaces de ver ni de oír ni de caminar; 21 ni se arrepintieron de sus asesinatos, de sus encantamientos y de sus adulterios.

10

Y vi a otro ángel que descendió del cielo revestido de una nube y con el arcoíris sobre su cabeza; y su visión es como el sol, y sus piernas como columnas de fuego. 2 Tenía en su mano un librito abierto, y puso su pie derecho sobre el mar y el izquierdo, por ende, sobre la tierra. 3 Y clamó a gran voz, como un león que ruge; y cuando clamó, siete truenos hablaron con sus voces. 4 Y cuando hablaron los siete truenos, estuve pres­to a escribir. Y oí una voz desde el cielo, proveniente del séptimo que dijo: “Sella lo que hablaron los siete truenos y no lo escribas”. 5 Y el ángel al que vi parado sobre el mar y sobre la tierra seca, levantó sus manos al cielo 6 y juró por el que vive por la era de las eras, el que creó el cielo y lo que hay en él y la tierra y lo que hay en ella, que ya no habría más tiempo, 7 sino que en los días en que el séptimo án­gel esté por tocar, se cumplirá el misterio de Dios, aquel que anunció a sus siervos los profetas.

8 Y oí otra vez a la voz del cielo hablar conmigo, y dijo: “Ve, toma el librito que está en la mano del ángel que está parado sobre la tierra y sobre el mar”. 9 Y fui hacia el ángel y le dije que me diera el librito. Y este me dijo: “Toma y cómelo; y te amargará el vientre, aunque en tu boca será como la miel”. 10 Tomé el librito de la mano del ángel y lo comí; y fue en mi boca como dulce miel, pero cuando lo tragué amargó mi vientre. 11 Y me dijo: “Se te da otra vez tiempo para profetizar sobre muchas naciones, pueblos, lenguas y reyes”.

11

Y se me dio una caña parecida a un báculo; y el ángel, afirmándose, dijo: “Levántate y mide el santuario de Dios, el altar y a los que adoran en él. 2 Y al patio que está fuera del santuario échalo fuera y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones; y pisotearán la ciudad santa cuarenta y dos meses.

3 Y daré a mis dos testigos el profetizar mil doscientos sesenta días vestidos de cilicio. 4 Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están en pie delante del Señor de toda la tierra. 5 Y si alguien busca dañarlos, sale fuego de su boca y consume a sus adversarios; y a los que deseen dañarlos, así les es requerido a ellos ser muertos. 6 Estos tienen el poder para cerrar el cielo a fin de que no descienda la lluvia en los días de su pro­fe­cía, y tienen poder para convertir el agua en sangre y para herir la tierra con todo azote cuantas veces lo deseen. 7 Y cuando hayan completado su testimonio, la bestia que sube del mar luchará contra ellos, los vencerá y los matará. 8 Y sus cadáveres estarán en la avenida principal de la gran ciudad que es llamada alegóricamente Sodoma y Egipto, donde su Señor fue crucificado. 9 Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplarán sus cadáveres tres días y medio y no permitirán que sus cadáveres sean puestos en tumbas. 10 Y los habitantes de la tierra se regocijarán a propósito de ellos; y celebrarán enviándose regalos unos a otros a causa de los dos profetas que habían atormentado a los habitantes de la tierra.” 11 Y después de tres días y medio el espíritu viviente que proviene de Dios entró en ellos y se afirmaron sobre sus pies; y el espíritu de la vida vino sobre ellos, y hubo un gran temor en quienes los contemplaban. 12 Y oyeron una gran voz procedente del cielo que les dijo: “¡Suban aquí!” Y subieron al cielo en la nube. Y sus adversarios los miraban atentamente. 13 En aquella hora hubo un gran tumulto y uno de cada diez de la ciudad cayó; y fueron muertos en el tumulto los nombres de siete mil varones. Y el resto tuvo temor y rindió gloria al Dios que está en el cielo. 14 He aquí que el segundo ay pasó; y he aquí que el tercer ay viene repentinamente.

15 Y el séptimo ángel tocó y hubo grandes voces en el cielo que decían: “¡Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Dios y de su Mesías! ¡Y ellos reinarán por la era de las eras!” 16 Y los veinticuatro ancianos que estaban delante de Dios sentados en sus tronos se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios, 17 diciendo: “¡Te reconocemos Señor Yahweh, Dios Todopoderoso, que eres y que eras, porque has tomado tu gran fuerza y has ejercido el dominio! 18 ¡Y las naciones se enfurecieron; pero vino tu furor y el tiempo para que los muertos sean juzgados y para dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, a los pequeños juntamente con los grandes, y de arruinar a los que arruinan la tierra!” 19 Y se abrió el santuario en el cielo y fue vista el arca de su pacto en el santuario. Y hubo relámpagos, truenos, voces, una conmoción y grande granizo.

12

Y una gran señal fue vista en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; 2 y estando encinta, gritaba fuerte, dolorida e incluso atormentada al estar por dar a luz. 3 Y fue vista otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón de fuego con siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; 4 y su cola arrastraba a la tercera parte de las estrellas del cielo y las echaba sobre la tierra. Y el dragón estaba parado delante de la mujer que iba a dar a luz para devorar a su hijo ni bien lo alumbrase. 5 Y dio a luz un hijo varón, quien va a gobernar a todas las naciones con un báculo de hierro; y su hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono. 6 Y la mujer huyó al desierto, a un lugar que tenía allí, al sitio preparado por Dios para que sea sustentada mil doscientos sesenta días.

7 Y hubo una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y el dragón y sus ángeles luchaban, 8 pero no prevalecieron ni se encontró ya un lugar para ellos en el cielo. 9 Y fue echado fuera el gran dragón, la serpiente del principio —a la que se llama el acusador y Satanás y que ha seducido a toda la tierra—; y fue echada a la tierra, y sus ángeles fueron echados con ella.

10 Y oí una gran voz proveniente del cielo que dijo: “¡Ahora han venido a ser la salvación, la fuerza y el reinado de nuestro Dios, porque ha sido echado el delator de nuestros hermanos, el que los acusaba de día y de noche delante de nuestro Dios! 11 Y ellos han vencido con la sangre del Cordero y mediante la palabra de su testimonio, y no amaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual, ¡alégrate cielo, y todos los que moran en él! ¡Ay de la tierra y del mar, porque el acusador ha descendido a ustedes con gran enojo, pues sabe que es poco el tiempo que tiene!”

13 Y cuando vio el dragón que había sido echado sobre la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón. 14 Y se le dio a la mujer dos alas de la gran águila para que volase al desierto, a su sitio, para ser sustentada allí un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo a resguardo de la ira de la serpiente. 15 Y la serpiente lanzó de su boca, en pos de la mujer, agua como un río para que la corriente de agua la anegase. 16 Y la tierra ayudó a la mujer; y abrió la tierra su boca y tragó a aquel río que había lanzado el dragón de su boca. 17 Y se enfureció el dragón contra la mujer y fue a hacer guerra contra el remanente de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesús. 18 Y se paró sobre la arena del mar.

13

Y vi que ascendía del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas; y en sus cuernos, diez diademas, y en sus cabezas, nombres de blasfemia. 2 Y la bestia que vi era parecida a un leopardo, sus pies eran como de oso y su boca como la de los leones; y el dragón le dio su poder, su trono y una gran autoridad. 3 Una de sus cabezas estaba como herida de muerte; y la herida de muerte fue sanada y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia. 4 Y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: “¿Quién hay que se asemeje a esta bestia y quién podrá pelear contra ella?” 5 Y se le dio una boca que hablaba grandes cosas y blasfemias, y le fue dada autoridad para actuar cuarenta y dos meses. 6 Abrió su boca para blasfemar ante Dios, injuriando su nombre y la habitación de los que se hospedan en el cielo. 7 Y se le permitió hacer guerra contra los santos y vencerlos, y se le dio autoridad sobre todas las tribus, los pueblos, las lenguas y las naciones. 8 Y la adorarán todos los habitantes de la tierra que no están escritos en el libro de la vida, aquel del Cordero sacrificado antes de la fundación del mundo.

9 Quien tenga oídos, oiga. 10 Quien conduzca en cautividad, irá en cautividad; y el que mate con la espada, con la espada será muerto: aquí están la confianza y la paciencia de los santos.

11 Y vi otra bestia que ascendía de la tierra y que tenía dos cuernos; y era semejante al Cordero, pero hablaba como el dragón. 12 Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia con anterioridad a ella y hace que la tierra y los que habitan en ella adoren a la primera bestia que fue curada de su herida de muerte. 13 Y opera grandes señales, de manera que hace descender fuego del cielo delante de los hombres. 14 Y engaña a los que habitan sobre la tierra mediante las grandes señales que se le ha permitido operar con anterioridad a la bestia, diciendo a los que habitan sobre la tierra que hagan una imagen a la bestia, aquella que tiene la herida de espada y vivió. 15 Y se le permitió dar aliento a la imagen de la bestia y hacer que todos los que no la adoren (a la imagen de la bestia) sean muertos; 16 y hacía que a todos —pe­queños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos— se les diese una marca en su mano derecha o en su frente, 17 de manera que nadie comprase ni vendiese excepto aquel que tuviera sobre sí la marca del nombre de la bestia o el número de su nombre. 18 Aquí hay sabiduría. Y quien tenga el entendimiento calcule el número de la bestia, porque es un número humano: seiscientos sesenta y seis.

14

Y miré, y he aquí el Cordero parado sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil que tienen su nombre y el nombre de su Padre escrito en sus frentes. 2 Y oí un sonido del cielo semejante al sonido de muchas aguas, y como el sonido del gran trueno. El gran sonido que oí era como el de un arpista tañendo su arpa. 3 Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y delante de los ancianos; y nadie puede aprender el cántico salvo los ciento cuarenta y cuatro mil redimidos de la tierra. 4 Estos son los que no se mancharon con las mujeres, puesto que son vírgenes; estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que vaya; estos son los que fueron redimidos de entre los hombres, primicias para Dios y para el Cordero, 5 en cuyas bocas no se encontró engaño, porque son sin mancha.

6 Y vi a otro ángel que volaba en medio del cielo que tenía a su cargo la buena nueva de la era para anunciarla a los habitantes de la tierra y a toda nación, pueblo, tribu y lengua, 7 diciendo a gran voz: “¡Teman a Dios y ríndanle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio; y adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de agua!” 8 Y otro, un segundo, lo siguió y dijo: “¡Cayó, cayó la gran Babilonia, la que del ardor del vino de su prostitución dio a beber a todas las naciones!” 9 Y aún otro ángel, un tercero, los siguió diciendo a gran voz: “¡Cualquiera que adore a la bestia y a su imagen y haya recibido su marca en su frente, 10 también beberá del vino del furor de Yahweh —el cual está preparado sin mezcla en la copa de su ira— y será atormentado con fuego y azufre delante de sus santos ángeles y delante del Cordero! 11 ¡Y el humo de su tormento ascenderá por la era de las eras, y no habrá respiro, ni de día ni de noche, para aquellos que adoren a la bestia y a su imagen y reciban la marca de su nombre! 12 ¡Aquí está la paciencia de los santos, de los que guardan los mandamientos de Dios y la fidelidad de Jesús!” 13 Y oí una voz del cielo que dijo “Escribe: ‘Dichosos los muertos que parten en nuestro Señor de aquí en más.’” “¡Sí! —dijo el Espíritu—: para que descansen de sus esforzadas labores”.

14 Y he aquí una nube blanca, y posado sobre la nube uno con semejanza de hombre que tenía sobre su cabeza una corona de oro y en su mano una hoz aguda. 15 Y otro ángel salió del santuario y clamó a gran voz al que estaba posado sobre la nube: “¡Envía tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar!” 16 Y el que estaba posado sobre la nube echó su hoz sobre la tierra y la tierra fue segada. 17 Y otro ángel salió del santuario que está en el cielo y tenía a su cargo una hoz aguda. 18 Y aún otro ángel, el cual tiene autoridad sobre el fuego, salió del altar y clamó a gran voz al que tenía la hoz aguda: “¡Envía tu hoz y recoge los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas están maduras!” 19 Y echó el ángel su hoz sobre la tierra y cosechó la viña de la tierra; y las lanzó al gran lagar del furor de Dios. 20 Y fue pisado el lagar junto a la ciudad, y del lagar salió sangre hasta las riendas de los caballos por más de mil doscientos estadios.

15

Y vi otra señal en el cielo, grande y maravillosa: los ánge­les que tenían a su cargo los siete últimos azotes, ya que con ellos se cumple el furor de Dios.

2 Y vi como un mar de cristal mezclado con fuego y a los que habían salido victoriosos respecto de la bestia y de su imagen y del número de su nombre parados sobre el mar de cristal, y tenían a su cargo las arpas de Dios. 3 Y cantaban la alabanza de Moisés, el siervo de Dios, y la alabanza del Cordero y decían: “¡Grandes y maravillosas son tus obras, Yahweh, Dios Todopoderoso! ¡Justas y verdaderas son tus obras, rey de las eras! 4 ¿Quién no te temerá, Yahweh, y glorificará tu nombre? ¡Ya que sólo tú eres santo, por lo cual todas las naciones vendrán y adorarán delante de ti, porque tú eres íntegro!”

5 Y después de estas cosas miré y fue abierto el santuario del tabernáculo del testimonio en el cielo. 6 Y del santuario salieron los siete ángeles que tenían a su cargo los siete azotes, vistiendo lino limpio y resplandeciente y ceñidos en torno a su pecho con cintos de oro. 7 Y uno de los cuatro seres vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor del Dios que vive por la era de las eras, ¡amén! 8 Y el santuario se llenó del humo de la alabanza de Dios y de su poder, y no había quien pudiese entrar en el santuario hasta que se hubiesen completado los siete azotes de los siete ángeles.

16

Y oí una gran voz proveniente del santuario que dijo a los siete ángeles: “Vayan y derramen las siete copas del furor de Dios sobre la tierra”. 2 Y fue el primero y derramó su copa sobre la tierra, y sobrevino una úlcera maligna y dolorosa sobre los hombres que tienen la marca de la bestia y adoran su imagen. 3 Y el segundo ángel derramó su copa en el mar, y el mar se volvió como muerto, y toda alma viva murió con el mar. 4 Y el tercer ángel derramó su copa en los ríos y en las fuentes de agua, y se volvieron sangre.

5 Y oí que el ángel de las aguas dijo: “¡Justo eres tú, el que es y el que era, y santo en haber juzgado a estos, 6 puesto que derramaron la sangre de los profetas y de los santos y les has dado a beber sangre, lo cual merecen!” 7 Y oí al altar, que dijo: “¡Sí, Yahweh, Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios!”

8 Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, y se le había asignado el quemar a los hombres con fuego; 9 y los hombres se quemaron con un gran fuego y blasfemaron el nombre de Dios, quien tiene la autoridad sobre estos azotes, y no se arrepintieron para rendirle gloria. 10 Y el quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su rei­no se volvió oscuridad y mordieron sus lenguas por el dolor, 11 y blasfemaron al Dios que está en el cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras. 12 Y el sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates, y sus aguas se secaron para que estuviese preparado el camino de los reyes que provienen de la salida del sol.

13 Y vi que de la boca del dragón, de la boca de la bestia y de la boca del falso profeta procedían tres espíritus inmundos a manera de ranas, 14 porque son espíritus de demonios que realizan señales y que acuden a los reyes del mundo entero para reunirlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso 15 (he aquí que vengo como un ladrón: dichoso el que esté despierto y guarde sus vestiduras, para que no ande desnudo y sean vistas sus vergüenzas), 16 y los reunirá en el lugar que en hebreo se llama Magdu.

17 Y el séptimo ángel derramó su copa en el aire, y salió una gran voz del santuario, de delante del trono, que dijo: “¡Ya está hecho!”

18 Y hubo relámpagos y truenos y un gran temblor, tal como no lo ha habido desde que hay hombres sobre la tierra: así de grande fue esta conmoción.

19 Y la gran ciudad se dividió en tres partes, y las ciudades de las naciones se postraron; y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios para darle de la copa del vino del furor de su ira. 20 Y toda isla huyó y los montes no fueron hallados. 21 Y descendió del cielo un enorme gra­nizo como del peso de un talento sobre los hombres; y blasfemaron los hombres a Dios por el azote del granizo, porque fue en extremo grande.

17

Y vino uno de los siete ángeles que tenían a cargo las siete copas y habló conmigo, diciendo: “Sígueme: te mostraré la sentencia de la prostituta que está sentada sobre mu­chas aguas, 2 con la cual se han prostituido los reyes de la tierra y con cuyo vino de prostitución todos los habitantes de la tierra se han embriagado”.

3 Y me hizo salir en espíritu al desierto, y vi a una mujer que estaba sentada sobre una bestia roja llena de nombres de blasfemia, la cual tiene siete cabezas y diez cuernos. 4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata y adornada de oro, piedras preciosas y perlas, y tenía en su mano una copa de oro llena de la inmundicia y la abominación de su prostitución, 5 y en su frente escrito un misterio: La gran Babilonia, la madre de todas las prostitutas y de las inmundicias de la tierra. 6 Y vi que la mujer estaba ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús; y me asombré con gran asombro al verla. 7 Y el ángel me dijo: “¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva y que tiene siete cabezas y diez cuernos.

8 “La bestia que viste fue y no es y estará presta a ascender del mar e ir a la ruina; y se asombrarán los que habitan sobre la tierra —aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo— que vean a la bestia que fue, no es y se aproxima. 9 Aquí está la inteligencia del que tiene la sabiduría: las siete cabezas son siete montes sobre los cuales se asienta la mujer. 10 Y los reyes son siete: cinco han caído y uno es; y el otro aún no ha venido, y cuando venga se le permitirá durar poco. 11 Y el dragón y la bestia que fue y que no es, ella es la octava, y es de entre los siete y va a la ruina. 12 Y los diez cuernos que viste son diez reyes, los cuales aún no han recibido reinado; sin embargo, tomarán autoridad como reyes una hora con la bestia. 13 Estos tienen una única voluntad y darán su autoridad y su poder a la bestia. 14 Estos pelearán contra el Cordero y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de los señores y Rey de los reyes, y los que están con él son los llamados, los escogidos y los fieles.” 15 Y me dijo: “Las aguas que viste, sobre las cuales se asienta la prostituta, son naciones, muchedumbres, pueblos y lenguas. 16 Y los diez cuernos que le viste a la bestia aborrecerán a la prostituta: la dejarán desolada y desnuda, devorarán su carne y será quemada al fuego. 17 Pues Dios lo ha puesto en sus corazones para que hagan su voluntad: harán su unánime voluntad y darán sus reinados a aquella bestia hasta que sean cumplidas las palabras de Dios. 18 Y la mujer que viste es aquella gran ciudad que tiene su reino por sobre los reyes de la tierra”.

18

Después de estas cosas vi a otro ángel que descendió del cielo, el cual tiene gran autoridad, y la tierra fue alumbrada por su gloria. 2 Y clamó a gran voz: “¡Cayó, cayó la gran Babilonia y se ha vuelto una guarida para los demonios y una pri­sión de todo espíritu inmundo y odioso, 3 porque dio a beber del vino de su prostitución a todas las naciones, y los reyes de la tierra se prostituyeron con ella y los mercaderes de la tierra se enriquecieron con el ímpetu de su frenesí!”

4 Y oí otra voz del cielo que dijo: “Salgan de ella, pueblo mío, para no ser partícipes de sus pecados; ya que ¿por qué habrían de recibir ustedes sus azotes? 5 Y es que sus pecados se han adherido a ella, han llegado hasta el cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. 6 Páguenle tal como ella les ha pagado a ustedes; y denle el doble por sus obras: en la copa que dio de beber, denle de beber a ella el doble. 7 Cuanto se ha glorificado a sí misma y se ha infatuado, así denle tormento y dolor, porque en su corazón se dice a sí misma: ‘Estoy asentada como una reina y no soy viuda y no veré dolor’. 8 Por esto, en un día vendrán sobre ella los azotes: enfermedad, dolor y hambre; y será quemada con fuego, porque poderoso es Yahweh que la juzga. 9 Y llorarán y se lamentarán por ella los reyes de la tierra, que se habían prostituido con ella y se habían infatuado, al ver el humo de su incendio, 10 parados a lo lejos por el temor de su tormento; y dirán: ‘¡Ay, ay, ay de la gran ciudad de Babilonia, ciudad próspera, porque en una hora vino tu sentencia!’ 11 Y los mercaderes de la tierra llorarán y se condolerán por ella, porque ya no hay quien compre sus mercancías: 12 mercancías de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino, de púrpura, de seda de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera costosa, de bronce, de hierro, 13 de mármol, de cáñamo, de perfumes, de ungüentos, de incienso, de vino, de aceite, de harina, de ovejas, de caballos, de carros, y de cuerpos y almas de hombres. 14 Y el fruto del deseo de tu alma se alejó de ti; y todos los bienes suntuosos y todos los objetos hermosos se alejaron de ti, y no volverás a verlos. 15 Y los mercaderes de estas cosas, parados lejos de ella por el temor de su tormento, en medio de su llanto y de su condolencia, dirán: 16 ‘¡Ay, ay de la gran ciudad vestida de lino, de púrpura y de escarlata, adornada con oro, piedras preciosas y perlas, 17 porque en una hora fue vaciada de semejante riqueza!’ Y todo capitán de las naves, todos los que tienen por oficio zarpar en naves, todos los marineros y todos los que trabajan en el mar se pararon a lo lejos 18 y lloraban al ver el humo de su incendio, diciendo: ‘¿Qué ciudad era semejante a esta gran ciudad?’ 19 Y echaban polvo sobre sus cabezas; y mientras lloraban y se condolían, exclamaban diciendo: ‘¡Ay, ay de la gran ciudad con cuya majestuosidad se enriquecieron los que tienen naves en el mar, porque en una hora quedó desolada!’ 20 ¡Alégrate sobre ella, cielo, y ustedes, los santos, los apóstoles y los profetas, ya que Dios les ha hecho justicia en ella!” 21 Y uno de los ángeles poderosos levantó una gran piedra como de molino, la arrojó en el mar y dijo: “¡Así, con ímpetu, es arrojada Babilonia, la gran ciudad, y no se la volverá a encontrar! 22 Y sonido de cítara y de trompeta, de instrumentos de música y de trompeteros ya no se volverá a oír en ti, 23 ni luz de lámpara será ya vista en ti; ni la voz del novio y la voz de la novia volverá a oírse en ti, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra, porque con tus encantamientos sedujiste a todas las naciones.” 24 Y en ella fue encontrada la sangre de los profetas y de los santos y de los asesinados de la tierra.

19

Y después de estas cosas oí una gran voz de multitudes en el cielo diciendo: “¡Haleluyah! ¡La salvación, la gloria y el poder sean para nuestro Dios, 2 porque verdaderos y rectos son sus juicios, porque ha juzgado a la gran prostituta, la que corrompió a la tierra con sus prostituciones, y le ha requerido la sangre de sus siervos que estaba en sus manos!” 3 Y dijeron por segunda vez: “¡Haleluyah! ¡Y el humo de ella asciende por la era de las eras!” 4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: “¡Amén! ¡Haleluyah!” 5 Y una voz desde el trono dijo: “¡Alaben a nuestro Dios todos sus siervos y los que temen su nombre, tanto los pequeños como los grandes!” 6 Y oí una voz como de multitudes, como la voz de muchas aguas y como la voz de poderosos truenos diciendo: “¡Haleluyah, porque ha reinado Yahweh Dios, el Todopoderoso! 7 ¡Alegrémonos y regocijémonos y rindamos a él la gloria, porque ha llegado el banquete de bodas del Cordero y su esposa se ha preparado! 8 Y se le ha dado para vestirse lino puro y resplandeciente, puesto que el lino puro es la rectitud de los santos”. 9 Y me dijeron: “Escribe: ‘Dichosos los llamados a la cena del banquete de bodas del Cordero’”. Y me dijo: “Estas son palabras verdaderas de Dios”. 10 Y me postré a sus pies y lo adoré. Y me dijo: “No; yo soy un consiervo tuyo y de tus hermanos, los que tienen el testimonio de Jesús. Adora, más precisamente, a Dios, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía”.

11 Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que está montado sobre él se llama Fiel y Verdadero, y con rectitud juzga y pelea. 12 Sus ojos son como llama de fuego, sobre su cabeza tiene muchas coronas y tiene un nombre escrito que nadie conoce excepto él; 13 está vestido con una vestidura empapada en sangre, y su nombre es La Palabra de Dios. 14 Y los ejércitos del cielo lo siguen sobre caballos blancos vistiendo lino puro, blanco y limpio. 15 Y de sus bocas sale la espada afilada con la cual matarán a las naciones. Él las gobernará con báculo de hierro; y es él quien pisa el lagar del furor del Dios Todopoderoso. 16 Y en las vestiduras que recubren su muslo tiene escrito el título Rey de reyes y Señor de señores.

17 Y vi a otro ángel que oficiaba de maestro mesero que, clamando a gran voz, decía a las aves que volaban en medio del cielo: “¡Reúnanse para la gran cena de Dios, 18 para comer carne de reyes y carne de capitanes y carne de fuertes y carne de caballos y de los que montan sobre ellos y carne de libres y de siervos y de pequeños y grandes!”

19 Y vi a la bestia y a sus ejércitos y a los reyes de la tierra y a los que estaban a su servicio juntarse para pelear contra el que monta el caballo y contra sus servidores. 20 Y la bestia fue capturada, y junto a ella el falso profeta (el que había hecho las señales con anterioridad a ella, con las cuales había engañado a aquellos que recibieron la marca de la bestia y que adoraron su imagen), y ambos se humillaron y fueron echados en el lago de fuego ardiente y de azufre. 21 Y el resto fue muerto con la espada del que monta el caballo, la que salía de su boca; y todas las aves se saciaron de la carne de ellos.

20

Y vi a otro ángel que descendió del cielo; tenía a su cargo la llave del abismo y una gran cadena en su mano. 2 Y tomó al dragón, la serpiente del principio, que es llamado el acusador y Satanás, y lo encerró por mil años. 3 Y lo echó en el abismo y cerró y puso un sello sobre él, para que no volviese a engañar a todas las naciones, luego de lo cual será soltado por poco tiempo.

4 Y vi asientos y a los que estaban sentados en ellos (ya que les fue dado juzgar) y a las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y por causa de la palabra de Dios y a aquellos que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca sobre sus frentes o sobre sus manos, los cuales vivieron y reinaron con el Mesías mil años: 5 esta es la primera resurrección. 6 Dichoso y santo el que tiene parte en la primera resurrección, ya que sobre los tales no tiene autoridad la muerte segunda, sino que serán sacerdotes de Dios y del Mesías, y reinarán con éste mil años.

7 Y cuando se hayan cumplido los mil años, Satanás será soltado de su cadena 8 y saldrá a engañar a todas las naciones en los cuatro rincones de la tierra, a Gog y a Magog, y a reunirlas para pelear, cuyo número es como la arena del mar. 9 Y ascendieron sobre la anchura de la tierra y rodearon la ciudad del campamento de los santos, la ciudad amada; y descendió fuego del cielo, de Dios, y los consumió. 10 Y el acusador que las engañaba fue echado en el lago de fuego y azufre, donde están la bestia y el falso profeta; y serán atormentados de día y de noche por la era de las eras.

11 Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya presencia huyeron la tierra y el mar, y no se encontró lugar para ellos. 12 Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, que estaban en pie delante del trono. Y fueron abiertos los libros. Y fue abierto aún otro libro, que es el del juicio, y los muertos fueron juzgados por las cosas que estaban escritas en el libro según sus obras. 13 Y entregó el mar a los muertos que estaban en él, y la muerte y el seol entregaron a los muertos que había en ellos, y fue juzgado cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el seol fueron echados en el lago de fuego: esta es la muerte segunda. 15 Y quien no estaba inscripto en el rollo de la vida fue echado en el lago de fuego.

21

Y vi el cielo nuevo y la tierra nueva, ya que el cielo anterior y la tierra anterior pasaron y el mar no volvió a ser. 2 Y vi a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una novia, adornada para su marido. 3 Y oí una gran voz del cielo que dijo: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios está con ellos y será para ellos Dios; 4 y enjugará toda lágrima de sus ojos; y la muerte ya no será de aquí en más, por lo cual no volverá a haber pena, queja ni dolor en sus rostros”.

5 Y al salir yo, el que está sentado en el trono me dijo: “He aquí que yo renuevo todas las cosas”; y me dijo: “Escribe estas palabras porque son fieles y verdaderas”. 6 Y me dijo también: “Yo soy la alap y soy la tau, el principio y la consumación; al que tenga sed le daré de la fuente de las aguas de vida gratuitamente. 7 Y el que venza heredará estas cosas, y seré para él Dios y él será para mí un hijo. 8 Pero en cuanto a los cobardes, los infieles, los inicuos, los inmundos, los asesinos, los encantadores, los fornicarios, los adoradores de ídolos y todos los mentirosos, su parte será el lago ardiente de fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

9 Y vino uno de los siete ángeles que tenían a su cargo las siete copas llenas con los siete últimos azotes, y me habló diciendo: “Ven y te mostraré a la novia esposa del Cordero”. 10 Y me condujo en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que desciende del cielo, de Dios, 11 que tiene la gloria de Dios y cuyo resplandor es como las piedras preciosas, a semejanza del jaspe, parecido al cristal; 12 y tiene un muro grande y alto, y doce portales, y sobre los portales doce ángeles y sus nombres escritos, que son los de las doce tribus de Israel: 13 por el oriente, tres portales; por el norte, tres portales; por el sur, tres portales; por el occidente, tres portales. 14 Y el muro de la ciudad tiene doce cimientos, y sobre ellos los nombres de los apóstoles del Hijo.

15 Y el que hablaba conmigo estaba a cargo de una caña de medir de oro para medir la ciudad y su muro. 16 Y la ciudad tenía cuatro lados, y su longitud era como su anchura. Y midió la ciudad con la caña: doce mil estadios; y su longitud, su anchura y su altura son iguales. 17 Y midió el muro: ciento cuarenta y cuatro cúbitos en medida de hombre, la cual es de ángel. 18 Y la estructura del muro es jaspe y la ciudad es de oro puro semejante a un vidrio impoluto. 19 Y los cimientos del muro de la ciudad están adornados con las piedras preciosas: el primer cimiento es jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; 20 el quinto, sardónico y ónice; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, cornalina; el décimo primero, jacinto; el décimo segundo, amatista. 21 Y los doce portales son doce perlas, cada uno de ellos, y cada una de las perlas es un portal; y la avenida principal de la ciudad es de oro puro semejante al vidrio. 22 Y no vi un santuario en ella, porque Yahweh Dios, el Todopoderoso, él es su santuario. 23 Y el Cordero y la ciudad no requieren del sol ni de la luna para que la alumbren, puesto que la alumbra la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero; 24 y las naciones caminarán en su luz, y los reyes de la tierra le traerán la alabanza. 25 Y sus portales no estarán cerrados de día, aunque no habrá noche allí; 26 y le traerán la alabanza y la majestad de las naciones. 27 Y no habrá allí nadie que obre inmundicia, abominación y falsedad, sino solamente los que están inscriptos en la escritura del Cordero.

22

Y me mostró un río de agua de vida, puro y resplandeciente como el cristal, que brota del trono de Dios y del Cordero. 2 Y en medio de su avenida principal, a un lado y al otro del río, está el árbol de la vida, el cual da doce frutos, y cada mes da su fruto; y sus hojas son para sanidad de las naciones. 3 Y ya no hay allí más anatema; y el trono de Dios y del Cordero está en ella, y sus siervos lo ministran 4 y ven su rostro, y su nombre está en sus frentes. 5 Y ya no hay allí noche, ni tienen necesidad de luz de lámpara ni de la luz del sol —pues Yahweh Dios los alumbra—, y reinarán por la era de las eras.

6 Y me dijo: “Estas son palabras fieles y verdaderas. Y Yahweh, el Dios del espíritu de los santos profetas, ha enviado a su ángel para mostrar a sus siervos lo que debe suscitarse con rapidez”. 7 Y también: “He aquí que yo vengo rápidamente: dichoso el que guarda las palabras de la profecía de este escrito”.

8 Yo, Juan, soy quien vio y oyó estas cosas; y al verlas y oírlas me postré para adorar a los pies del ángel que me las mostró. 9 Y él me dijo: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de aquellos que guardan las palabras de este escrito. Adora a Dios”. 10 Y me dijo también: “No selles las palabras de la profecía de esta escritura, porque el tiempo se ha acercado: 11 el que practica la iniquidad aún la practicará; y el que es sucio aún lo será; y el justo aún practicará la justicia; y el santo aún se santificará. 12 He aquí que vengo repentinamente, y mi recompensa conmigo; y daré a cada uno según sus obras. 13 Yo soy la alap y la tau, el primero y el último, el inicio y la consumación. 14 Dichosos los que practican mis mandamientos, ya que tendrán acceso al árbol de la vida y entrarán en la ciudad por sus portales. 15 Pero los fornicarios, los asesinos y los adoradores de ídolos estarán afuera, y los inmundos, los encantadores y todos los que pres­tan atención a la mentira y la practican. 16 Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para dar testimonio a ustedes de estas cosas frente a las congregaciones. Yo soy la raíz y la descendencia de David (y estoy con él) y la estrella resplandeciente del alba. 17 Y el Espíritu y la Novia dicen: ‘¡Ven!’ Y el que oye diga: ‘¡Ven!’ Y el que tenga sed, venga y beba de las aguas de vida gratuitamente. 18 Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este escrito que a cualquiera que les agregue algo, Dios le agregará a él los azotes que están escritos en esta escritura, 19 y que a cualquiera que quite algo de las palabras de la escritura de esta profecía quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa y de las cosas escritas en esta escritura”. 20 Dice el que da testimonio de estas cosas: “¡Sí, yo vengo rápi­damente!” ¡Ven Yahweh, Jesús! 21 Que la gra­cia de nuestro Señor, Jesús el Mesías, esté con todos ustedes, sus santos. Amén.

 

LA REVELACIÓN DE JESÚS EL MESÍAS

INICIO