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Oración de un afligido cuando desfallece y delante de Yahweh derrama su meditación (Salmo 102)

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Al igual que el resto de los salmos que componen el libro del mismo nombre, el salmo 102 contiene una serie de indicios proféticos que apuntan a los últimos días de esta era, tiempo en el que Yahweh volvería a intervenir poderosamente por su pueblo como en los días antiguos. Y así, las lastimosas palabras de la oración de un afligido —tal lo principal del título que encabeza esta composición— pronto se van transformando en declaraciones llenas de visión en pos de unos días en los que naciones y pueblos verán la gloria de Dios y lo servirán de consuno.

“¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?” (Salmo 22)

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De manera sorprendentemente abarcadora y detallada —bien que valiéndose de un riquísimo lenguaje profético cuyo sentido es sólo discernible por quienes cuentan con las «arras del Espíritu» , para decirlo en los términos del apóstol Pablo en su carta a los santos de Roma—, el salmo 22 refiere las vicisitudes del Cristo y la gloria que seguiría a estas en la era por venir. En él, en efecto, se traza un itinerario que, partiendo de su insólita humillación entre los hombres, llega hasta su exaltación en medio de sus hermanos y entre las naciones que recibirá como su herencia.

El libro de las lamentaciones (capítulo 3)

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Atribuido tradicionalmente al profeta Jeremías y al que habría sido su lamento sobre la antigua Jerusalén —destruida en sus mismos días por el ejército del rey neo-caldeo Nabucodonosor—, el libro de las Lamentaciones parece ser en verdad una elegía profética sobre una ciudad a la que su autor equipara con aquella y cuyas vicisitudes tendrían lugar en los últimos días de la presente era. Debido a la relevancia que esto último asigna al mencionado libro, ofrezco aquí, en cinco entregas sucesivas, mi traducción del texto hebreo del mismo, acompañada, como de costumbre, de las notas que he juzgado pertinentes.