Etiqueta: discernimiento espiritual

“¿Por qué te postras, alma mía…?” (Salmos 42 y 43)

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Pese a que el orden de la edición hebrea del libro de los Salmos que ha llegado hasta nosotros los considera como diferentes entre sí, ciertos detalles sugieren que los salmos 42 y 43 fueron originalmente uno y el mismo. Ambos describen con elocuencia los sentimientos de un hombre cuya alma se encuentra suspendida entre la confianza y la devoción más íntimas hacia Dios y los pesares que brotan frente al acoso y las afrentas infligidas por parte de aquellos que desprecian dicha confianza y devoción. Esto último, por cierto, imprime al conjunto un tono definitivamente familiar a nuestros días…

Los profetas del fin de la era (adenda)

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¿Cuál es el contexto que da marco a la serie publicada en este blog durante el mes pasado bajo el título «Los profetas del fin de la era», serie compuesta por mi traducción de diversos pasajes de los libros de los profetas y por mi propio comentario de los mismos? En un artículo suyo publicado ayer en su sitio web, un querido hermano de fe residente en Fort Mill (Carolina del Sur, EE. UU.) ha provisto, en tan sólo un par de párrafos, las palabras justas para precisarlo. He aquí mi carta dirigida a él a propósito de este asunto.

Los profetas del fin de la era (comentario y advertencia)

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En una de sus cartas, el apóstol Pedro nos avisa que los asuntos escritos en los libros de los profetas del Antiguo Testamento tienen por principales destinatarios a quienes estaríamos viviendo en el fin de la era, al tiempo que nos advierte que ninguna de dichas declaraciones se interpreta a sí misma, separada de las demás, ya que es el mismo Espíritu que las ha inspirado el que interpreta y unifica su mensaje. ¿Serán estas las únicas advertencias que los que hoy profetizan deberían tener en cuenta? ¿O habrá acaso alguna otra destinada a certificar en nuestros días toda profecía?

«Cristianos» (adenda)

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Luego de que en el pasado mes de agosto publicara aquí las dos partes de una serie a la que di en llamar «Cristianos» y en la que tracé ciertos paralelismos y contrastes entre los días de los apóstoles y estos que hoy todos transitamos, tuve, por diversos motivos, la fuerte sensación de que en breve debería completarla con algunas aclaraciones de rigor. Hoy, a poco más de tres meses de publicada, cumplo con dicha tarea en la forma de una carta dirigida a un querido matrimonio de seguidores y discípulos de Jesucristo residente en la ciudad española de Bilbao.

“Mi carne es verdadera comida…”

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Históricamente, el capítulo seis del evangelio de Juan ha sido uno de los pasajes menos comprendidos —y, por ende, más controversiales— de todas las Escrituras. Tal como ya lo hiciera hace casi dos mil años con los judíos que escucharon los dichos de Jesús de su propia boca, su interpretación viene también dividiendo desde hace siglos a católicos y protestantes en Occidente. En el texto que presento a continuación, Stephen E. Jones, un experimentado e inspirado expositor de las Escrituras, desgrana este controversial pasaje y repone en toda su magnitud el maravilloso sentido que el Espíritu revela sobre el mismo.

Sodoma

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Durante siglos, generación tras generación, la sola mención del nombre de Sodoma ha venido cautivando la imaginación de todos por igual. Todos, en efecto, han visto y aún ven en ella el arquetipo de un desenfreno sexual que no respetaba absolutamente ninguna norma, un desenfreno al que sólo lograron poner fin el fuego y el azufre que Dios envió sobre ella desde el cielo. Sin embargo, la antiquísima ciudad que, según nos cuentan las Escrituras, lideraba el próspero distrito citadino ubicado en el lado sudeste del Mar Muerto, representa una advertencia para nuestros días que pocos estarían dispuestos a explorar.