“¡Bendice, alma mía, a Yahweh!” (Salmo 104)

      Comentarios desactivados en “¡Bendice, alma mía, a Yahweh!” (Salmo 104)
compartir

Con una gran economía de palabras —con las que, sin embargo, logra componer una bellísima y elocuentísima alabanza—, el autor del salmo 104 traza una grandiosa semblanza de Yahweh como creador y como sustentador de toda vida. En vano se buscará en ella la obsesión actual por cuestiones como el cambio climático en los términos en que las ha planteado, por ejemplo, el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si, la cual, de hecho, supone una inaudita negación de la soberanía y del plan de Dios que sólo podría sumir a sus lectores en la más oscura desesperanza.


 

¡Bendice, alma mía, a Yahweh!

Yahweh, mi Dios, ¡es mucho lo que te has magnificado! ¡Te has vestido de esplendor y majestad!

Él es el que se recubre de luz a manera de manto; el que extiende los cielos como una cortina; el que construye con vigas sobre las aguas sus habitaciones; el que pone a las nubes por carroza suya; el que recorre las alas del viento [1] ; el que hace de los espíritus [2] sus mensajeros y de las llamas de fuego sus ministros. Él fue quien estableció la tierra sobre sus fundamentos, la cual no se tambaleará por una era y aún más allá. [3]

Al abismo has cubierto [4] como con una vestimenta. Las aguas se afirmaban sobre los montes: ante tu reprensión, huyeron; ante tu trueno, se asustaron. Los montes ascendieron y ellas descendieron a los valles, a este lugar que les preparaste. Pusiste un límite, el cual no pasarán para cubrir la tierra.

Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos, los cuales fluyen entre los montes e irrigan a todas las bestias del campo; en ellos apagan su sed los asnos salvajes; junto a ellos habitan las aves del cielo, que entre las ramas ofrecen sus trinos.

Él es el que irriga los montes desde sus habitaciones; del fruto de sus obras se sacia la tierra. Él es el que hace brotar la gramilla para el animal y la hierba para el servicio de los seres humanos, para que estos obtengan el pan de la tierra y el vino que alegra el corazón de la humanidad, para hacer brillar sus rostros con el aceite y con el pan que sustenta la vida humana.

Rebozan los árboles de Yahweh: los cedros del Líbano que él plantó, en los cuales los pájaros hacen sus nidos; los cipreses, que son casa para la cigüeña. Los altos montes para las cabras monteses; las peñas, cubierta para los conejos.

Él hizo la luna para los tiempos señalados; y el sol reconoce el sitio de su ocaso.

Tú ordenas la oscuridad y se hace noche: en ella pululan todas las bestias de la selva. Los cachorros de león rugen a su presa y buscan de Dios su alimento; cuando asoma el sol, ellos se reúnen y se echan en sus cuevas; y la gente sale a sus labores y a sus trabajos hasta el atardecer.

¡Cuán prolíficas son tus obras, Yahweh! ¡A todas ellas hiciste con sabiduría! ¡La tierra está repleta de tus bienes!

Éste es el grande y extenso [5] mar: allí pululan las criaturas, las cuales son innumerables, tanto las grandes como las pequeñas; allí andan las embarcaciones y éste Leviatán [6] al que moldeaste para divertirte con él. Todos ellos esperan en pos de ti, para que les des su alimento en tiempo. Les das y ellos acopian; abres tu mano y se sacian de bien. Ocultas tu rostro y se alarman; les quitas su espíritu y expiran, regresan al polvo del que provienen. [7] Envías tu espíritu y son creados: renuevas así la faz de la tierra.

¡Que la honra de Yahweh sea permanente! [8] ¡Que se alegre Yahweh en sus obras! ¡Él es el que mira a la tierra y esta tiembla! ¡Toca los montes y estos humean! ¡Cantaré a Yahweh durante mi vida! ¡Compondré cánticos para mi Dios mientras yo dure! ¡Mi meditación en él se endulza! ¡Yo me alegro en Yahweh! ¡Serán terminados los pecadores de la tierra y los malignos ya no serán más!

¡Bendice, alma mía, a Yahweh!

 

Notas

[1] רוח no sólo significa «viento», sino también «espíritu».

[2] Ver la nota anterior.

[3] עולם ועד. Esta fórmula recurrente en el hebreo del Antiguo Testamento —y en especial de los salmos— suele ser traducida al español como «por siempre» en su forma asertiva o como «jamás» en su forma negativa. Tal opción de traducción es errónea por varias razones, siendo acaso la principal de ellas la absoluta extrañeza del concepto de tiempo infinito en la mente de los pueblos semitas de la antigüedad. De hecho, aquellos que asignan al término עולם un sentido semejante, sólo podrían explicar una expresión como la presente —en la que a una supuesta duración infinita le es agregada la expresión «y aún más allá»— como una licencia poética propia de las lenguas semíticas antiguas cuya finalidad sería la de enfatizar la duración infinita del tiempo, lo cual es, precisamente por lo que acabo de decir, absolutamente improbable. En realidad, el término en cuestión tiene dos usos principales en los textos bíblicos y para-bíblicos hebreos y arameos: aquel que implica una durabilidad durante un período de tiempo indeterminado y aquel otro, bastante más tardío, en que se alude a una era determinada que está caracterizada por cierto ordenamiento político, social, etc. Este último uso es sin duda el preeminente en el griego del Nuevo Testamento y en especial de los evangelios, donde las expresiones τοῦ αἰῶνος τούτου («esta era») y τῷ αἰῶνι τῷ ἐρχομένῳ («la era que viene») reflejan con toda la fidelidad de la que son capaces las expresiones arameas עלמא הנא y עלמא דעתיד, respectivamente. Y en cuanto a la convivencia de una concepción de tiempo y de cierto ordenamiento político y social correspondiente con esta, basta con señalar aquí que mientras que en el griego existen dos palabras bien diferenciadas en su etimología para reflejar ambos conceptos —a saber, respectivamente, αἰών y κόσμος—, en el hebreo y el arameo antiguos y tardíos, ambos conceptos suelen cristalizar en la sola palabra עלם.

[4] A lo largo de toda esta composición —y tal como es común en el resto de las que integran el libro de los Salmos— las formas de dirigirse a Dios en segunda y en tercera persona se alternan de un manera más bien libre y desenfadada.

[5] רחב ידים. Literalmente, «extenso de manos». Dada la identificación que en el hebreo antiguo se cumple entre la mano izquierda y el norte y la mano derecha y el sur (presuponiendo siempre la posición de alguien que está mirando hacia el este) esta expresión sugiere una extensión en latitud antes que en longitud. La misma, por ende, parecería señalar no tanto al Mar Mediterráneo (llamado, precisamente, el «gran mar» por parte de los antiguos habitantes de Canaán) como al Océano Atlántico.

[6] Leviatán es una criatura mítica que habita en el abismo del mar y que resurge, aquí y allá, a lo largo del Antiguo Testamento, aunque es sobre todo en el libro de Job donde mejor se la caracteriza (ver Job 41). Aunque sin ser nombrada, en el libro de Apocalipsis es descripta en términos proféticos como la suma de los enemigos del pueblo de Dios cuya máxima autoridad es Satanás. Desde luego, al igual que éste último, Leviatán es una creación del Todopoderoso que cumple con sus propósitos temporales: de ahí que el salmista lo describe como a una criatura a la que Dios formó con fines lúdicos. Esto contrasta plenamente con el carácter temible que reviste para los seres humanos, tal como se ve en el libro de Job, en el que Yahweh pregunta a éste en forma retórica: “¿Acaso jugarás con él [es decir, con Leviatán] como con un pájaro o lo atarás para tus niñas?”

[7] אל־עפרם. Literalmente, «al polvo de ellos».

[8] לעולם. A propósito de esta traducción que hago aquí de esta expresión, ver la nota 3.

Print Friendly, PDF & Email