Etiqueta: fin de la era

“¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?” (Salmo 22)

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De manera sorprendentemente abarcadora y detallada —bien que valiéndose de un riquísimo lenguaje profético cuyo sentido es sólo discernible por quienes cuentan con las «arras del Espíritu» , para decirlo en los términos del apóstol Pablo en su carta a los santos de Roma—, el salmo 22 refiere las vicisitudes del Cristo y la gloria que seguiría a estas en la era por venir. En él, en efecto, se traza un itinerario que, partiendo de su insólita humillación entre los hombres, llega hasta su exaltación en medio de sus hermanos y entre las naciones que recibirá como su herencia.

La Argentina en el Seol

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En un nuevo aniversario del fallido intento argentino de recuperación de las Islas Malvinas de manos del Reino Unido de la Gran Bretaña, sentí la espontánea necesidad de escribir unas líneas a Santiago Cúneo, periodista y conductor del programa 1 + 1 = 3, el cual se transmite casi a diario desde la Web. En ellas señalo que Aquel que rige todos los destinos humanos y que en algún momento impreciso del pasado decretara la muerte de la Argentina, revertirá aquella decisión a fin de llevarla —por su solo poder y beneplácito— hacia su auténtico, insospechado e inevitable destino.

“¡Dios, no te quedes en silencio!” (Salmo 83)

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El cuadro que presenta el salmo 83 jamás tuvo lugar en los días en que el pueblo de Israel moraba en la tierra de Canaán, en el Antiguo Medio Oriente. Su tema es el de una conspiración generalizada de todos los pueblos a su alrededor —entre los cuales, sin embargo, sugestivamente, Egipto está ausente—, los cuales aspiran a destruir por completo al pueblo de Dios a fin de poseer su territorio. Puesto que se trata, evidentemente, de un símil profético llamado a transcurrir en el final de la era presente, hoy ofrezco aquí mi traducción de su texto hebreo.

El libro de Apocalipsis, su tiempo y sus destinatarios

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Durante casi dos mil años, ningún libro de las Escrituras ha causado mayor confusión que aquel que les da cierre. En efecto, el texto del Apocalipsis —cuyo título es, en verdad, «La revelación de Jesucristo»— ha dado lugar, a través de los siglos, a toda suerte de interpretaciones, algunas de las cuales cristalizarían, a su vez, en escuelas fundadas sobre graves malentendidos en torno al mismo. Acaso el mayor de tales equívocos sea el del tiempo del cumplimiento pleno del compendio profético contenido en el libro, asunto que hoy, más que nunca, es necesario clarificar de una vez por todas.

A propósito de la floración del almendro

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Aquí y allí, las Escrituras dan testimonio de que, al momento de transmitir los asuntos que hacen a su plan para el final de la era presente, el espíritu de Dios ha propuesto diversos indicios para señalar los jalones temporales del mismo y los acontecimientos que lo rodean. Tal es el caso del almendro y su floración, de cuya figura el Espíritu se ha valido con especial énfasis a fin de activar, en estos últimos días de la era, el discernimiento de sus siervos y su correspondiente preparación en pos de aquello que su Palabra hará irremisiblemente en la tierra.