El libro de Jonás

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Dentro de los libros que componen las Escrituras, pocos hay tan mal entendidos —y, por ende, tan subestimados— como el libro del profeta Jonás. Todos o casi todos parecen haber visto en él apenas una historia ingenua, casi infantil, acerca del trato de Dios con los hombres. Sin embargo, según se lee en los evangelios sinópticos, ha sido el mismísimo Jesús quien validó el mensaje profético de la historia de Jonás señalándolo como un tipo y sombra del Hijo del Hombre. Es esta importancia manifiesta del libro la que me ha llevado a traducirlo del hebreo y a publicarlo aquí.

“Y sucederá que…” – La canción de Moisés (Deuteronomio 32:1-43)

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El cántico o canción de Moisés que se encuentra casi al final del libro del Deuteronomio constituye el testimonio vivo que debía quedar para aquellos de su pueblo sobre los que vendrían muchos males, en los últimos días de esta era, a consecuencia de haber abandonado a Yahweh para ir en pos de los demonios y de los dioses extranjeros. Puesto que dichos últimos días son los nuestros, me ha parecido bien publicar aquí la traducción anotada de esta canción testimonial, prueba definitiva de que el Dios vivo en verdad ha narrado, mediante su Espíritu, el final desde el principio.

“Y sucederá que…” – Condiciones para la restauración (Deuteronomio 30)

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Pocos parecen ser los que en verdad se han puesto a pensar que las bendiciones de la obediencia y las maldiciones de la desobediencia a la voz de Yahweh que se encuentran desgranadas en el libro del Deuteronomio eran, en realidad, el trazado de un programa cuyo cumplimiento el propio plan de Dios había determinado desde un comienzo para los últimos días de esta era. Tales días —que ya están sobre todos nosotros— deberían ser un claro indicio para aquellos que se consideran parte del pueblo de Dios y que en verdad aguardan la llegada visible de su glorioso reino.

“Y sucederá que…” – Bendiciones de la obediencia y maldiciones de la desobediencia (Deuteronomio 28)

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Las así llamadas «bendiciones de la obediencia y maldiciones de la desobediencia» que se encuentran formuladas hacia el final del libro del Deuteronomio constituyen una anticipación de lo que ocurriría con el pueblo de Dios si es que obedecía a Yahweh —su redentor de la durísima servidumbre que había padecido en Egipto— o si, en cambio, hacía caso omiso a su instrucción. En realidad —tal como ocurre, de hecho, con el resto de las Escrituras—, estas y otras cosas han sido formuladas con vistas al final de esta era, en el que todo tiene y tendrá su cabal cumplimiento.

“¡Bendigan a Yahweh todos los siervos de Yahweh…!” (Salmo 134)

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El libro de los Salmos contiene una serie de quince composiciones cuyo encabezamiento común —«canción de los ascensos»— parece vincularse, en cierto sentido profético, con aquella experiencia de enfermedad mortal y sanación por la que pasara Ezequías, el rey de Judá en Jerusalén durante los días del profeta Isaías, en cuyo libro profético, más específicamente en su capítulo treinta y ocho, se encuentra consignada la misma. Por mi parte, me pareció más que interesante publicarla aquí traducida del texto hebreo estándar (aunque cotejado, aquí y allá, con sus versiones aramea del Targum, griega y siríaca) e incluyendo algunas notas aclaratorias.