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El libro de las lamentaciones (capítulo 4)

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Atribuido tradicionalmente al profeta Jeremías y al que habría sido su lamento sobre la antigua Jerusalén —destruida en sus mismos días por el ejército del rey neo-caldeo Nabucodonosor—, el libro de las Lamentaciones parece ser en verdad una elegía profética sobre una ciudad a la que su autor equipara con aquella y cuyas vicisitudes tendrían lugar en los últimos días de la presente era. Debido a la relevancia que esto último asigna al mencionado libro, ofrezco aquí, en cinco entregas sucesivas, mi traducción del texto hebreo del mismo, acompañada, como de costumbre, de las notas que he juzgado pertinentes.

“Y sucederá que…” / La canción de Moisés (Deuteronomio 32:1-43)

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El cántico o canción de Moisés que se encuentra casi al final del libro del Deuteronomio constituye el testimonio vivo que debía quedar para aquellos de su pueblo sobre los que vendrían muchos males, en los últimos días de esta era, a consecuencia de haber abandonado a Yahweh para ir en pos de los demonios y de los dioses extranjeros. Puesto que dichos últimos días son los nuestros, me ha parecido bien publicar aquí la traducción anotada de esta canción testimonial, prueba definitiva de que el Dios vivo en verdad ha narrado, mediante su Espíritu, el final desde el principio.

“Y sucederá que…” / Bendiciones de la obediencia y maldiciones de la desobediencia (Deuteronomio 28)

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Las así llamadas «bendiciones de la obediencia y maldiciones de la desobediencia» que se encuentran formuladas hacia el final del libro del Deuteronomio constituyen una anticipación de lo que ocurriría con el pueblo de Dios si es que obedecía a Yahweh —su redentor de la durísima servidumbre que había padecido en Egipto— o si, en cambio, hacía caso omiso a su instrucción. En realidad —tal como ocurre, de hecho, con el resto de las Escrituras—, estas y otras cosas han sido formuladas con vistas al final de esta era, en el que todo tiene y tendrá su cabal cumplimiento.

“Los que devoran a mi pueblo como si comiesen pan no han invocado a Yahweh…” (Salmo 14)

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El trasfondo profético del salmo 14 es el de un tiempo en el que el pueblo de Dios se encontraría diezmado por el enemigo. Su autor traza en él una semblanza de este último y la contrasta con el estado de indefensión en el que Yahweh, en su absoluta soberanía y a manera de dura disciplina, sumiría a su pueblo previamente al fin de la era presente. Es precisamente este contraste que predomina a lo largo del salmo el que augura la salvación del pueblo al final de este proceso, una vez que los propósitos de Yahweh se hubiesen cumplido.

La carga que vio el profeta Habacuc (libro de Habacuc)

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La «carga que vio el profeta Habacuc» es una suerte de esquema profético de los días previos a la intervención grandiosa y manifiesta de Dios en los asuntos humanos, en el final de la presente era. En ella se puede observar muy nítidamente la forma y el orden que este guarda al tratar con la humanidad, tanto con quienes pertenecen a su pueblo como con aquellos que son sus enemigos. Puesto que su lectura implica hoy una respuesta al llamamiento a discernir los acontecimientos actuales con prudencia y con sabiduría, ofrezco aquí mi traducción anotada de su versión original hebrea.