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“¡Dios, no te quedes en silencio!” (Salmo 83)

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El cuadro que presenta el salmo 83 jamás tuvo lugar en los días en que el pueblo de Israel moraba en la tierra de Canaán, en el Antiguo Medio Oriente. Su tema es el de una conspiración generalizada de todos los pueblos a su alrededor —entre los cuales, sin embargo, sugestivamente, Egipto está ausente—, los cuales aspiran a destruir por completo al pueblo de Dios a fin de poseer su territorio. Puesto que se trata, evidentemente, de un símil profético llamado a transcurrir en el final de la era presente, hoy ofrezco aquí mi traducción de su texto hebreo.

La carga de la palabra de Yahweh en la región de Hadráj (Zacarías 9-11)

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El evangelio de Juan ha vuelto célebres unas palabras incluidas en una de las dos «cargas» proféticas que se encuentran en el libro del profeta Zacarías al aplicarlas a la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Sin embargo, al profundizar en la lectura de los tres capítulos que contienen este misterioso pasaje, se descubre que su convulsionado contexto profético trasciende grandemente al evento reseñado por el evangelista. La presente traducción anotada de dichos capítulos se propone reponer ese contexto con vistas a que el lector atento pueda discernir en el mismo todas las marcas del fin de la presente era.

La carga de Tiro (Isaías 23)

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Dentro de la serie de «cargas» que encontramos en el libro de Isaías, la que ocupa su capítulo veintitrés se dirige a Tiro, la antigua ciudad de la costa de Canaán que, gracias a su comercio marítimo y su despliegue hacia el Occidente —donde fundara, en el norte de África, la ciudad de Cartago— surgió en sus días como una poderosa talasocracia. Sin embargo, en los últimos días de la era, Tiro perdería definitivamente su imperio de ultramar y dejaría todas sus ganancias al pueblo de Dios. La traducción del hebreo que sigue a continuación da cuenta de dicha predicción.